¿CUÁLES SON LOS OBJETIVOS POLÍTICOS DEL BLOQUE OCCIDENTAL EN SIRIA?

El 14 de abril de 2018 fuerzas militares del Bloque Occidental llevaron a cabo un ataque de saturación con ciento cinco misiles de crucero de diversos tipos contra objetivos relacionados con el programa de armas químicas del gobierno sirio, tratando de destruir la capacidad para producir y usar armas de destrucción en masa contra la población civil . El ataque aliado había sido anunciado previamente por el Presidente Donald Trump en una declaración desde la Casablanca, secundado a última hora por la Primera Ministra Theresa May y el Presidente Enmanuel Macron, como respuesta al supuesto bombardeo con cloro contra la población civil de Duma realizado por fuerzas gubernamentales sirias. Sin embargo, dicho bombardeo había sido desmentido por el propio gobierno sirio y por el mando militar ruso en Siria, que llevaba semanas advirtiendo de que se estaba preparando una acción fake con la que forzar un ataque de la coalición internacional liderada por los Estados Unidos destinada a contrarrestar la capacidad de combate de las fuerzas militares gubernamentales sirias que se están imponiendo definitivamente sobre los diferentes grupos rebeldes y organizaciones terroristas que han campado a sus anchas por el territorio sirio desde el inicio de la guerra civil a principios de 2011. La conocida escasa efectividad del ataque aéreo aliado –no se han consignado bajas en las fuerzas sirias ni en la población civil a pesar de que se atacaron hasta nueve instalaciones y bases aéreas- pone en duda los intereses en juego del Bloque Occidental en la Guerra de Siria. A lo largo de los siete años de conflicto los gobiernos de las principales potencias occidentales han ido cambiando sus posiciones respecto a la guerra civil siria, al apoyo que prestaban o debían prestar a los diferentes grupos combatientes rebeldes -la denominada "oposición moderada-, a la existencia de organizaciones terroristas yihadistas que han empleado una extrema violencia contra los militares y la población siria con imágenes que recuerdan a la brutalidad alemana en el Frente Ruso en la Segunda Guerra Mundial y, en definitiva, a la aceptación y rechazo alternativos al gobierno legítimo sirio y a su presidente Bashar al Asad, sin definir claramente a lo largo del tiempo una posición univoca y mucho menos común. A esta falta de definición político-estratégica han contribuido los sucesivos cambios de gobierno en los diferentes Estados occidentales: desde la falsa abstención de la Administración Obama en el conflicto a la intervención hoy sí y mañana no del Presidente Trump –recordemos las declaraciones del pasado 3 de abril de 2018 cuando anunció públicamente el deseo de repatriar los dos mil soldados destinados en Siria afirmando que “no hemos sacado nada de ello, no tenemos nada, excepto muerte y destrucción”; y cuatro días después cambió el discurso-, desde la posición de seguidismo del Primer Ministro David Cameron y después la desastrosa May, peligrosamente acrítica con las implicaciones militares en la guerra civil siria y ensimismada en sus propios problemas de política interior, hasta la desquiciada posición francesa desde el Presidente François Hollande, que rechazaba cualquier trato con el régimen de Asad contestado por el candidato Macron en las elecciones presidenciales, hasta el apoyo que éste ha prestado al reciente ataque aéreo contra Siria y su iniciativa para una fuerza militar desplegable europea de resolución de crisis donde parece que caben todos. En medio, unos y otros han apoyado a las diferentes organizaciones rebeldes que surgieron como setas por todo el territorio sirio: el Ejército Libre Sirio, Yeish al-Islam, Frente Sur y Frente Islámico, y han acogido directa o indirectamente a grupos afines a las organizaciones terroristas yihadistas, particularmente Jabhat Fateh al-Islam o Frente al-Nusra, que es la rama de Al Qaeda en Siria, Ahrar al-Sham, Harakat Nour al-Din al-Zenki y el mismo Estado Islámico de Irak y el Levante, como ha denunciado reiteradamente el gobierno ruso por boca de sus representantes diplomáticos y militares. La debilidad del gobierno sirio para hacer frente a toda esta amalgama de organizaciones rebeldes y terroristas financiadas por un montón de Estados y agentes exteriores llevó a la pérdida del control efectivo de una parte sustancial del territorio, lo que se agravó peligrosamente con la proclamación del Califato por parte del líder del Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, el 4 de julio de 2014 que abarcaba una extensión territorial enorme que iba desde el centro-este de Siria hasta todo el norte de Irak. Esto llevó, a su vez, a un  enfrentamiento directo de éstos con las fuerzas militares kurdas, semiindependientes en sus feudos norteños con el consentimiento y el apoyo económico del Bloque Occidental. Inevitablemente esta situación exacerbó la ansiedad de seguridad de las autoridades turcas, que se vio extraordinariamente agravada a raíz de la posición occidental ante el fallido golpe de Estado contra el Presidente Recep Tayyip Erdogan en julio de 2016. De este modo, en el verano de 2015 el gobierno sirio se encontraba ante una situación dramática: la guerra estaba pérdida, había demasiados enemigos que combatir al mismo tiempo, diferentes grupos rebeldes, organizaciones terroristas y fuerzas militares de la coalición internacional campaban a sus anchas por todo el país y atacaban de forma indiscriminada a las fuerzas militares leales al gobierno central. La salida fue solicitar ayuda militar directa a Rusia. Fue un movimiento estratégico decisivo y la rapidez del despliegue ruso sorprendió a propios y extraños. La implicación de las fuerzas militares rusas a partir de septiembre de 2015 permitió restablecer la situación militar, dar la vuelta al conflicto armado con el apoyo masivo de las fuerzas aéreas y de operaciones especiales rusas desplegadas sobre el terreno y comenzar a derrotar y reconquistar diferentes porciones de territorio hasta llegar a finales de 2017, cuando el gobierno sirio había recuperado la mayor parte del territorio nacional y estaba en condiciones de acabar uno por uno con los diferentes focos rebeldes que ahora se encontraban aislados. El Califato había dejado de existir. Así lo proclamaron los mandos militares rusos: el Jefe del Estado Mayor General ruso, general Valey Gerasimov, informó el 6 de diciembre de 2017 que “todas las agrupaciones del Estados Islámico en territorio sirio han sido destruidas, lográndose así la liberación de Siria (…) A día de hoy no existen zonas de ese país árabe bajo el control del Estado Islámico.” Por su parte, el jefe de la Dirección General de Operaciones (GOU) del Ministerio de Defensa ruso, general Sergei Rudskoy, proclamó al día siguiente que “la tarea de derrotar a las formaciones criminales de la organización terrorista Estado Islámico en el territorio de Siria, llevada a cabo por la Federación Rusa, está cumplida (…) las fuerzas del gobierno con el apoyo de las Fuerzas Aéreas rusas tomaron por completo el control de la zona noroeste de Abu Kemal: desde el río Éufrates hasta el poblado Mezile, con una superficie de dos mil quinientos kilómetros cuadrados.” Sin embargo, el control del desierto oriental y el cruce del río Éufrates por parte de las fuerzas militares sirias con el constante apoyo aéreo ruso supusieron el choque con los aliados de la coalición occidental. Entonces, las fuerzas militares sirias se concentraron en recuperar las zonas más próximas a Damasco controladas por las fuerzas rebeldes que comenzaron a ser expulsadas sistemáticamente de Ghuta oriental. Hasta que llegamos al episodio del denunciado ataque con armas químicas contra la población civil en Duma el 7 de abril de 2018 y el ataque militar “decisivo” llevado a cabo por la coalición internacional el 14 de abril, del que según anunció el Pentágono el mismo día “tardarán años en recuperarse, les hemos inflingido un daño severo en su arsenal químico”, ha sido un despropósito, desde los tuits presidenciales amenazantes a Rusia los días previos al ataque militar a la reunión del Consejo de Seguridad del viernes 13 de abril. Como ha sostenido Rusia desde el principio el enemigo son los terroristas y cuando ya estaban derrotados se quiere dar la vuelta a la situación, destruyendo la credibilidad del gobierno sirio y la capacidad operativa de sus fuerzas armadas. Entonces se plantea la cuestión: ¿quién es el enemigo ahora? La respuesta a esta pregunta revela la falta absoluta de coherencia política de los dirigentes occidentales en la guerra civil siria. Como dijo el Presidente Trump en su comparecencia en la Casablanca la madrugada del 14 de abril de 2018: “No nos hacemos ilusiones, no podemos purgar el mundo del mal ni actuar en todos los sitios donde hay tiranía. No hay sangre americana suficiente para lograr la paz en Oriente Medio. Podremos ser socios y amigos, pero el destino de la región está en manos de su propia gente.” Podemos concluir, por un lado, que el Bloque Occidental no ha sabido definir a lo largo de siete intensos años de guerra sus objetivos políticos en Siria, dejando que diferentes grupos rebeldes y organizaciones y facciones terroristas combatieran al gobierno de Asad sin llegar a imponerse, sin controlar el territorio y alcanzar la paz, si es que esta es necesaria para la población siria y para la tan cacareada estabilidad regional, incluida la gravísima corriente de refugiados de la guerra que comenzó a llegar a Europa en 2015. Por el otro, la implicación militar directa de Rusia ha posibilitado que el gobierno sirio recupere el control de la parte sustancial del territorio y esté en camino de acabar con los grupos rebeldes, dejando de lado el norte, donde a finales de enero de 2018 comenzó un nuevo enfrentamiento directo entre las poderosas Fuerzas Armadas turcas y las YPG kurdas con visos de mantenerse en el tiempo y que ha desgarrado las ya complejas relaciones de Turquía con sus aliados en el seno de la Alianza Atlántica. Por tanto, todo va a seguir igual porque Rusia no va a cejar en su apoyo al gobierno de Asad y el Bloque Occidental carece de objetivos políticos en Siria. Alemania, único Estado que se negó a participar en el ataque, le mostró a Rusia su escaso interés en el asunto, y a los Estados Unidos y a la Unión Europea que no se jugaba nada, porque, si no se tiene ejército a que viene fijarse objetivos militares en Siria o en cualquier otro lado, tengan o no gases de cloro, sarín o VX. La pregunta que se plantea es: ¿por qué lo hacen Francia y Gran Bretaña? ¿Tienen una fuerza militar comparable a Rusia para arriesgarse a un enfrentamiento militar directo? Queda la esperanza de que hay dos actores racionales para no llegar a un enfrentamiento directo entre grandes potencias que podría tener consecuencias desastrosas e impredecibles, y que son Rusia e Israel.
“¿Cuánto tiempo durará esto?”

ACTIVACIÓN DE LAS FUERZAS DE COHETES ESTRATEGICOS


Aunque se había anunciado desde principios de marzo, como es propio en todos los ejercicios que implican a las fuerzas nucleares estratégicas de las dos grandes potencias, a finales de marzo de 2018 (26 al 30 de marzo) el Mando militar ruso movilizó más de diez mil efectivos en la región de los Urales pertenecientes a los tres ejércitos de las Fuerzas de Cohetes Estratégicos (RVSN): los Ejércitos de Cohetes de Estratégicos de Vladimir (27º), Oremburgo (31º) y Omsk (33º). Según informó el Ministerio de Defensa: “durante los ejercicios, las unidades y formaciones inspeccionadas (regimientos de cohetes estratégicos, bases de cohetes y unidades de apoyo y protección) practicarán las medidas necesarias para mantener la máxima alerta de combate y cumplir las misiones para desplegar los regimientos de cohetes a las rutas de patrulla de combate.” Es la primera vez que se activaban los sistemas de combate móviles de los tres ejércitos en un solo ejercicio conjunto, lo que ha supuesto la movilización de cerca de mil vehículos y equipos técnicos, incluidas las plataformas móviles de misiles estratégicos Topol-M (SS-27 en código OTAN) y RS-24 Yars (SS-29) en un ambiente invernal. La finalidad de estos ejercicios es verificar la disponibilidad para el combate de la fuerza de disuasión nuclear, la capacidad de despliegue con medios propios, incluida la eliminación de obstáculos por las tropas de ingenieros con nuevos sistemas suministrados recientemente, y los mecanismos de defensa frente a eventuales acciones de sabotaje por fuerzas enemigas, defensa frente a ataques aéreos y resistencia a la guerra electrónica, en los que han participados interceptores Mig-31BM, aviones de vigilancia An-30 y vehículos aéreos no tripulados para dar cobertura aérea. Según precisó el Ministerio de Defensa inicialmente, durante los ejercicios se efectuaría el lanzamiento de varios cohetes estratégicos basados en lanzaderas móviles, lo que se ha hecho de forma virtual sin implicar lanzamientos reales. Como indicó el comandante en jefe de las RVSN, general Serguei Karakayev, “es importante para nosotros darnos cuenta de si las tropas han dominado la nueva tecnología y en qué medida ha sido adaptada a las áreas de despliegue.” (declaraciones en RT, 30 de marzo de 2018). Pero estos ejercicios de guerra nuclear se han dado en medio de un ambiente internacional excesivamente enrarecido por las expulsiones recíprocas de personal diplomático y cierre de representaciones consulares entre el Bloque Occidental y Rusia llevadas a cabo durante la última semana de marzo de 2018 como consecuencia de la posición del gobierno británico de Theresa May sobre el asunto del atentado contra el exagente del GRU Serguei Skripal en Salisbury. Las declaraciones y los discursos de los principales dirigentes europeos recordaban a otras etapas de la Guerra Fría, solo que, en este caso los Estados Unidos se mantuvieron al margen hasta el 26 de marzo de 2018, cuando acordaron la expulsión de territorio americano de sesenta representantes y agentes rusos por solidaridad con el Reino Unido, seguidos del resto de aliados europeos, y la posterior respuesta del gobierno ruso mandando a su casa a ciento cuarenta y dos diplomáticos occidentales. Pero, ante este escenario de represalias diplomáticas la talentosa portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, María Zakharova, ponía las cosas en su sitio: “nadie puede imponer un ultimátum de veinticuatro horas a una potencia nuclear” (las declaraciones se recogen en RT, 13 de marzo de 2018). Como no podía ser de otra manera. Y, precisamente, el 29 de marzo de 2018, el general Karakayev informó del estado del programa de modernización en curso de las fuerzas bajo su mando: se han completado las entregas de los nuevos sistemas móviles Yars a las divisiones de cohetes estratégicos de Nizhni Tagil (42ª División) y Novosibirsk (39ª División de la Guardia), están en pleno proceso de reequipamiento las divisiones de Irkustk (29ª División de la Guardia) y Yorkhar-Ola (14ª División) y a continuación pasarán a dotar a las divisiones de Vypolzovo (7ª División de la Guardia) y Barnaul (35ª División). El objetivo es que en 2026 se haya completado la sustitución de todas las lanzaderas móviles con el sistema Yars. Además, ha trascendido la información -no confirmada por fuentes oficiales- de que la primera unidad que pondrá en servicio operativo el nuevo cohete estratégico pesado RS-28 Sarmat (SS-X-30 en código OTAN) será uno de los regimientos de la 62ª División de Uzhur en 2021. Ese mismo día (29 de marzo de 2018) se realizaron dos lanzamientos de cohetes desde el cosmódromo de Plesetsk. En el primero se llevó a cabo la segunda prueba de vuelo del Sarmat, que fue lanzado desde un silo modificado expresamente para las pruebas del nuevo cohete en el cosmódromo situado en el norte de la Rusia europea. En el segundo, las Fuerzas Espaciales emplearon un cohete portador Soyuz-2.1v, lanzado desde el complejo número 43 de Plesetsk, para poner en órbita a 320 kilómetros de altitud y una inclinación de 96,64 grados un nuevo satélite experimental de reconocimiento EMKA, desarrollado por la corporación VNIIEM, y que ha recibido la denominación rusa Cosmos-2525. Estos datos nos permiten aseverar que estamos en una situación de “paz armada” que se mantendrá mientras los sistemas de estabilidad estratégica funcionen y estén al día. Las injerencias en las zonas estratégicas del adversario forma parte de la estabilidad mundial, como hemos dicho en otro momento anterior, una suerte de Derecho consuetudinario regimental, altamente peligroso, porque las grandes potencias han de mantener intactas las líneas fundamentales del núcleo y no jugar a averiguar si los demás partícipes han interiorizado cuáles son esas líneas. Puede ocurrir que una de las partes suponga que forma parte de los círculos exteriores, otra parte considere que le está afectando al propio núcleo sistémico estratégico y se destruya el régimen, con las consecuencias que todos imaginamos.
Sapientes fortesque.

“EE.UU. Y RUSIA: FUERZA NUCLEAR EN TABLAS”

Este es el título del artículo publicado por Enrique Figueredo, redactor de la Sección de Internacional del periódico La Vanguardia de Barcelona el 9 de marzo de 2018 (ver biografía). En el ensayo se habla del poderío nuclear de las dos grandes potencias, del Tratado START, de la carrera armamentística y de los nuevos sistemas de armas estratégicas anunciados por el Presidente Putin en el discurso al parlamento federal el 1 de marzo de 2018. Más en concreto, se centra en la vigencia y los límites cuantitativos que impone el Tratado START de abril de 2010 y que entraron en vigor el pasado 5 de febrero de 2018. Para ello el autor recurre a varias fuentes y autores de referencia, entre los cuales cita al autor de este blog. El texto del ensayo dice:
“Todavía hay una potencia nuclear suficiente como para destruir por completo el planeta. Las dos grandes potencias atómicas, que juntas reúnen el 92% por ciento de la capacidad militar del mundo, Rusia y Estados Unidos, han cumplido sin embargo escrupulosamente el tratado de reducción de armas estratégicas Start III firmado en abril de 2010 por Barack Obama y Dimitri Medvédev. … leer más
Referencia bibliográfica completa: FIGUEREDO, E.: “EE.UU. y Rusia: Fuerza nuclear en tablas”, La Vanguardia, 9 de marzo de 2018, disponible en el sitio web de La Vanguardia.

EL PODER DOMINADOR DE LAS ARMAS NUCLEARES Y LA AMENAZA DE LA GUERRA

El Presidente Putin dirigió el 1 de marzo de 2018 el discurso anual a las dos cámaras del Parlamento de la Federación Rusa reunidas en sesión conjunta para exponer las directrices de política nacional, política exterior y seguridad y defensa. En esta ocasión el discurso sorprendió a propios y a extraños y ha tenido un alcance mediático quizás no esperado ni por el mismo gabinete presidencial dirigido por Dmitry Peskov. El Presidente Putin realizó una exposición exhaustiva y muy mediática de los sistemas armas de alcance estratégico que ha estado desarrollando Rusia durante la última década y que son una respuesta a la defensa antimisiles que están desplegando los Estados Unidos cerca de las fronteras rusas en sus flancos occidental, sur y oriental. Como explicó el Presidente Putin, los programas militares que se hacían públicos en su intervención eran la respuesta a la desafección americana del sistema de estabilidad estratégica acordado en los Acuerdos de Moscú de 1972 formalizados entre Brezhnev y Nixon y, más concretamente, a la retirada del Tratado ABM (Tratado sobre Misiles Antibalísticos) aprobada por el Presidente Bush hijo a finales de 2001. La respuesta rusa tiene que ver indudablemente con el sentimiento de inseguridad que está arraigado profundamente en las élites dirigentes de Moscú. Desde esta concepción, consideran que en cualquier iniciativa de los Estados Unidos que no esté acordada con Rusia subyace la intención de socavar la base del poder y la influencia política rusa en el exterior. La Doctrina Militar de diciembre de 2014 no hizo más que recoger las crecientes desavenencias entre Rusia y el Bloque occidental después del período de la hegemonía imperfecta: ahora se percibe a los Estados Unidos y a la Alianza Atlántica como la principal amenaza para la seguridad y la continuidad de Rusia como potencia mundial. La Estrategia de Seguridad Nacional de diciembre de 2015 afirma explícitamente: “la aplicación por la Federación de Rusia de una política exterior e interna e independiente es lo que da lugar a la oposición de los Estados Unidos y sus aliados, que están tratando de mantener su dominio en los asuntos mundiales.” En este documento se establece como una de las prioridades nacionales el mantenimiento de la estabilidad estratégica basada en el principio de igualdad entre los dos grandes poderes militares del sistema internacional global. Para restablecer el poderío militar estratégico y mantener el principio de paridad en 2011 se aprobó el Programa Estatal de Armamento 2011-2017 que ha contado con un presupuesto de 285.000 millones de dólares. Este Programa ha fortalecido los sistemas de disuasión estratégica nuclear con la construcción de una nueva flota de submarinos nucleares portamisiles de cuarta generación Borei/Bulavá, la renovación de las Fuerzas de Cohetes Estratégicos que alcanzaba a finales de 2017 el setenta por ciento de los sistemas desplegados en tierra y la modernización y construcción de nuevos bombarderos estratégicos Tu-160M/M2; y los sistemas de disuasión estratégica no nuclear con el desarrollo de nuevas armas guiadas de precisión de largo alcance y su extensión a todos los componentes de las Fuerzas Armadas: los sistemas Iskander-M para las Fuerzas Terrestres y el desarrollo de nuevos misiles de crucero, los misiles de crucero Kalibr y Onyx de uso universal en todos los buques de superficie de porte corbeta en adelante y en los submarinos nucleares y convencionales y los misiles de baja firma radar Kh-101 para los bombarderos de la Aviación de Largo Alcance -el Jefe del Estado Mayor General, general Guerásimov, confirmó el 24 de marzo de 2018 en una conferencia en la Academia Militar de Estado Mayor que Rusia tiene grupos de portadores de misiles de crucero en todos los Mando Estratégicos Conjuntos (declaraciones en RT, 24 de marzo de 2018). El gobierno ruso llevaba al menos dos años trabajando en la extensión de este programa de armamentos hasta que el 24 de febrero de 2018 el Presidente Putin indicó en un acto público celebrado en Ufá que la industria militar rusa tendría estabilidad para trabajar en los próximos diez años debido a la carga de trabajo del nuevo programa de armamentos. Dos días después, el Secretario presidencial Dmitry Peskov afirmó que el Presidente Putin había aprobado el 31 de diciembre de 2017 mediante un decreto secreto el Programa de Armamentos 2018-2027 con un presupuesto de 340.000 millones de dólares. En este nuevo programa marco plurianual se establecen las prioridades para la próxima década, que siguen siendo las mismas: las armas de precisión de largo alcance, las fuerzas de disuasión nuclear –entre las que se incluyen un nuevo SSBN de quinta generación Borei-B y el ICBM pesado Sarmat-, y las tecnologías asociadas a la robótica militar en todo el espectro del combate. A pesar de la vigencia de las sanciones occidentales impuestas en el verano de 2014 como consecuencia de la implicación en el conflicto separatista en Ucrania Oriental y la contracción del presupuesto de Defensa que ya se ha aplicado en el ejercicio de 2017, sorprendentemente Rusia continúa avanzando en todos estos programas. De este modo, el Presidente Putin podía exponer de forma ostentosa los éxitos militares alcanzados por la ingeniería y la industria militar rusa que recordaba al discurso del Presidente Reagan de 23 de marzo de 1983 sobre la Iniciativa de Defensa Estratégica: un nuevo misil hipersónico Kinzhal de 2.000 kilómetros de alcance con carga nuclear o convencional que se declara que está operativo en el Distrito Militar Sur desde diciembre de 2017, un nuevo misil con carga nuclear Avangard que es el resultado del desarrollo del Proyecto 4202 destinado a la obtención de una ojiva hipersónica y que, en palabras del Presidente Putin “ningún DAM es capaz de interceptarlo”, el nuevo cohete estratégico pesado basado en silos Sarmat con capacidad para transportar hasta dieciséis ojivas nucleares MIRV, incluidas ojivas hipersónicas, y señuelos y con un alcance superior a los 10.000 kilómetros, un nuevo cohete estratégico con motor nuclear que tendría un alcance prácticamente ilimitado, un nuevo sistema robótico submarino dotado con carga nuclear que sería el resultado del programa o desarrollo conocido hasta ahora como Status-6 y, finalmente, un sistema de armas laser transportable y que ya se encontraría en servicio en las Fuerzas Terrestres (sobre el origen de estos programas véase la información que recoge Pavel Podvig en la entrada "Document details Soviet response to the Star Wars missile defense program", de 21 de marzo de 2018). Las dos cuestiones principales que se plantean son: cómo los rusos han alcanzado el éxito en el desarrollo de ojivas y misiles hipersónicos donde los Estados Unidos hasta ahora han fracasado, y que estos sistemas estratégicos ya se encuentran operativos, como ocurre con el misil hipersónico Kinzhal o las armas laser citadas, muy próximos a entrar en servicio como el cohete estratégico pesado Sarmat o lo harán en un futuro cercano al tratarse de programas de armamento prioritarios. Según expresó el Presidente Putin: estas armas permitirán consolidar “un equilibrio estratégico y un balance de fuerzas en el mundo.” –una sinopsis de la exposición de los sistemas de armas está disponible en RT, 1 de marzo de 2018-. Respecto a la política de uso de armas nucleares el Presidente Putin enfatizó: “considero mi deber declarar lo siguiente: cualquier uso de armas nucleares –de potencia baja, mediana o de cualquier otra- contra Rusia o sus aliados lo consideraremos como un ataque nuclear contra nuestro país. La respuesta será inmediata y con todas las consecuencias que de ello se derivarían.” –declaraciones que se recogen en RT, 1 de marzo de 2018- En definitiva, el discurso de 1 de marzo de 2018 es una apelación al poder dominador de las armas nucleares y una amenaza latente para la guerra, lo que concuerda con la visión de las élites políticas y militares rusas sobre el conflicto moderno que se caracteriza por un período inicial de guerra destructivo y rápido, que es más decisivo que nunca. Es más, para enfrentarlo a un nivel disuasivo, Rusia se reserva el derecho a acudir a una respuesta nuclear ante un ataque convencional que amenace la existencia misma del Estado y considera el uso de las armas nucleares para detener la escalada de un conflicto, aunque nunca se ha aceptado a nivel teórico la doctrina de la guerra nuclear limitada.

ENTRADA EN VIGOR DE LOS LÍMITES CUANTITATIVOS ESTABLECIDOS EN EL TRATADO START

El 5 de febrero de 2018 era la fecha en la que los Estados Unidos y Rusia debían cumplir los límites cuantitativos establecidos en el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START) que firmaron los presidentes Obama y Medvedev en Praga el 10 de abril de 2010 en sustitución de los dos acuerdos anteriores de 1991 y 2002. A la fecha, cada una de las partes debía disponer de un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas operativas en las dos categorías de lanzadores regulados en el Tratado: sistemas de lanzamiento desplegados (700) y no desplegados (800 en la suma de ambos). Según los datos más recientes publicados, en agosto de 2017 los Estados Unidos estaban por debajo de los límites previstos, mientras que en el mes de octubre Rusia todavía seguía por encima, aunque escasamente en seis ojivas, lo que significaba una reducción dirigida directamente a cumplir los límites establecidos por el Tratado. Esto es así porque según los datos oficiales publicados conforme a las estipulaciones de intercambio de información del propio tratado START, a 1 de septiembre de 2017 los Estados Unidos tenían 1.393 ojivas nucleares estratégicas, 660 lanzadores desplegados y un total de 800 vectores de lanzamiento y Rusia 1.561, 501 y 790 respectivamente -véase la entrada del blog correspondiente-. Pero, según los datos más recientes publicados por la parte rusa, el número de ojivas nucleares estratégicas a 5 de febrero de 2018 era de 1.444, los sistemas desplegados 527 y la suma de no desplegaos un total de 779 -información disponible el sitio web del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia-. Hay que tener en cuenta que, a pesar de los acontecimientos que se han desarrollo en los últimos siete años de creciente tensión e incertidumbre en las relacionales bilaterales, los Estados Unidos y Rusia han continuado intercambiando datos sobre el estado de sus fuerzas nucleares y han realizado y permitido las visitas de inspección mutuas, incluidas otras medidas de transparencia que se recogen en el propio tratado START y en otros acuerdos bilaterales -la información completa está disponible en el sitio web del Departamento de Estado). De este modo, el Secretario General de la OTAN Jens Stoltenberg pudo afirmar en un seminario celebrado en Oslo el mismo 5 de febrero de 2018 que las dos grandes potencias cumplían escrupulosamente las especificaciones previstas en el Tratado, incluidas las limitaciones específicas para ambas categorías de lanzadores: misiles basados en tierra (ICBM), misiles embarcados en submarinos (SLBM) y bombarderos estratégicos -declaraciones en The Independent Barents Observer-. La portavoz del Departamento de Estado americano, Heather Nauert, enunció la posición oficial del gobierno americano el mismo día 5 de febrero de 2018: “El cumplimiento del START incrementa la seguridad de los Estados Unidos y de nuestros aliados y torna las relaciones estratégicas entre  los Estados Unidos y Rusia más estables, transparentes y previsibles. (...) Esto es de especial importancia en estos tiempos en los que la confianza ha decaído y la amenaza de un error o una interpretación incorrecta ha crecido. (…) Los Estados Unidos mantienen su apego a los esfuerzos de control de armas que garantizan la seguridad de los Estados Unidos, sus aliados y socios. Los Estados Unidos continuaran cumpliendo el nuevo Tratado START y mantiene su curso de trabajo con otros Estados, incluida Rusia, para crear las condiciones que permitan apoyar el objetivo final de erradicar las armas nucleares en todo el mundo.” Por ello, manifestó que “los Estados Unidos esperan que las partes sigan cumpliendo el Tratado START. Los Estados Unidos y Rusia intercambiaran datos sobre sus respectivos arsenales estratégicos durante el mes que viene, como lo hemos hecho dos veces al año durante los últimos siete años.” -declaraciones que se recogen en Sputnik, 5 de febrero de 2018- En esta línea, el embajador americano en Moscú, John Huntsman aseguró el 30 de enero de 2018 que su gobierno no se plantea abandonar el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio de diciembre de 1987 (Tratado INF) pero que sí exigen que Rusia haga un compromiso escrupuloso del mismo: “es importante subrayar una vez más, que no vamos a abandonarlo pero queremos que todos los participantes del Tratado lo cumplan.” -declaraciones en Sputnik, 30 de enero de 2018-. Por su parte, el embajador ruso en Washington, Anatoli Antonov, declaró el 3 de febrero de 2018 que “actuamos con responsabilidad en lo que se refiere a nuestros compromisos en el marco de todos los acuerdos internacionales, los cumplimos estrictamente." (declaraciones en Sputnik, 3 de febrero de 2018). Esto significa que, a pesar de las declaraciones públicas más o menos coherentes –como las recientes denuncias del Presidente Putin sobre posibles subterfugios en el cumplimiento de los límites cuantitativos por parte de los Estados Unidos, declaraciones que se recogen en Sputnik el 11 de enero de 2018 y que comenta Pavel Podvig en la entrada más reciente de su blog- o más o menos disparatadas -como la del Presidente Trump cuando dijo en febrero de 2017 que el Tratado era “un mal acuerdo” para los Estados Unidos, entrevista en Reuters el 23 de febrero de 2017-, tanto Moscú como Washington siguen considerando que el Tratado sirve perfectamente a los intereses nacionales de sus respectivos países: en primer lugar, porque mantienen un extraordinario nivel de disuasión frente a cualquier otra potencia militar convencional; segundo, en conexión con el Tratado de No Proliferación Nuclear, el Tratado START les permite seguir ejerciendo un quasi-monopolio nuclear ya que entre ambas acumulan más del noventa y dos por ciento de las armas nucleares que existen en el mundo; y, tercero, les sirve para mantener el régimen de estabilidad estratégica establecido desde la Guerra Fría pues, como indica la recientísima Nuclear Posture Review de los Estados Unidos aprobada por el Presidente Trump el 3 de febrero de 2018: “el control de armas puede propiciar la seguridad de los Estados Unidos, ayudando a controlar la competencia estratégica entre los Estados.” -el documento completo está disponible en el sitio web del Departamento de Defensa-. Pero observando el mundo podemos ver que China, o incluso la India, ambas potencias nucleares que han escalado a los primeros puestos de la economía mundial, están muy por detrás en capacidad nuclear, en el volumen de sus fuerzas y en la capacidad de combate de sus vectores de lanzamiento (270 y 130 cargas nucleares respectivamente según las estimaciones más recientes), situación que se mantendrá durante mucho tiempo. Pero para que puedan seguir manteniendo la posición de privilegio los Estados Unidos y Rusia acometen grandes y costosísimos programas destinados a la renovación de la tríada nuclear: nuevos misiles basados en tierra, incluidos los sistemas móviles y nuevos desarrollos en sistemas ferroviarios en el caso de Rusia, nuevos submarinos nucleares portamisiles y los SLBM, en el caso de los Estados Unidos con un desarrollo conjunto de un misil común para la Armada y las Fuerzas Aéreas, y los bombarderos estratégicos con sendos programas del Tu-160M2 y más adelante del PAK-DA en Rusia y el nuevo B-21 Raider de los Estados Unidos. Pero más destacable aún es que, a nivel estratégico ambas grandes potencias han manifestado en las respectivas doctrinas nucleares de febrero de 2010 y febrero de 2018 respectivamente que las armas nucleares podrían ser usadas en caso de que se produjera un ataque convencional contra el territorio nacional o contra sus aliados, aunque esto se considere solo eventualmente en casos excepcionales o cuando se halle en peligro la existencia misma del Estado, lo que es coherente con el dictamen formulado por el Tribunal Internacional de Justicia en la famosa sentencia sobre el uso o la amenaza de uso de armas nucleares de 1996.

LA NUEVA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL Y LA POSTURA NUCLEAR DE LOS ESTADOS UNIDOS


Con un breve intervalo de tiempo y en el plazo de su año desde la toma de posesión como Presidente de los Estados Unidos, la Administración Trump ha renovado y actualizado los documentos más  importantes que establecen la estrategia de seguridad nacional, la política de defensa y la doctrina de uso de las armas nucleares “para un mundo extraordinariamente peligroso, lleno de una amplia gama de amenazas que se han intensificado en los últimos años”: la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de 18 de febrero de 2017, la versión no clasificada de la Estrategia de Defensa Nacional de 19 de enero de 2018 y la recién publicada Revisión de la Postura Nuclear de 3 de febrero de 2018. Con estas nuevas Estrategias de seguridad y de defensa nacional, que se fundamentan en “un realismo basado en principios, guiados por nuestros intereses nacionales vitales y enraizado a nuestros valores intemporales”, “los Estados Unidos responderán a la creciente competencia política, económica y militar que enfrentamos en todo el mundo.” El objetivo de estas nuevas estrategias es "competir, disuadir y ganar en este entorno." De este  modo, "el resurgimiento de la rivalidad estratégica a largo plazo, la rápida dispersión de las tecnologías y los nuevos conceptos de guerra y competencia que abarcan todo el espectro del conflicto requieren una fuerza conjunta estructurada para enfrentar esta realidad."

La National Security Strategy of the United States of America de diciembre de 2017 es un extensor documento de 56 páginas que se estructura en una introducción, cinco apartados apartados en los que se enuncian los intereses nacionales y la estrategia para alcanzarlos y una conclusión: Pilar I: Proteger al Pueblo Americano, la Patria y el Modo de Vida Americano, Pilar II: Promover la Prosperidad Americana, Pilar III: Preservar la Paz a través de la Fuerza, Pilar VI: Avanzar en la Influencia Americana y La Estrategia en un Contexto Regional.

La Defense Strategy of the United States of America, resumen no clasificado del documento clasificado del mismo nombre de enero de 2018, se estructura en Introducción, Entorno Estratégico, Objetivos del Departamento de Defensa, Enfoque Estratégico y conclusión.

La Nuclear PostureReview de febrero de 2018 es también un extensísimo documento de 74 páginas, el que se emplea el adjetivo “nuclear” en mil seis ocasiones, se organiza en una introducción, un  Sumario Ejecutivo y diez apartados: I. Introducción a la Política y Estrategia Nucleares Americanas, II. Un Entorno de Seguridad Internacional Evolucionado e Incierto, III. ¿Por Qué las Capacidades Nucleares Americanas?, IV. Fortaleciendo los Objetivos Nacionales y el Papel de las Armas Nucleares en la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, V. Estrategias Adaptadas y Capacidades Flexibles, VI. Estrategias americanas para Contrarrestar las Amenazas Contemporáneas, VII. Capacidades Nucleares Actuales y Futuras, VIII. Infraestructura de las Armas Nucleares, IX. Contrarrestando el Terrorismo Nuclear y X. Control de Armas y No Proliferación. Hay que destacar que este documento tiene un sumario ejecutivo con versión traducida al ruso, chino, coreano, japonés y francés –disponibles en la web del Departamento de Defensa-.

Referencia doctrinales: Benedicto, M.A. "Trump y su Estrategia de Seguridad Nacional: una 'contradictio in terminis'" , Documento de Opinión del IEEE 09/2018, de 26 de enero de 2018.

EJERCICIOS DE COMBATE DE LAS FUERZAS NUCLEARES ESTRATÉGICAS DE RUSIA

El 15 de enero de 2018 los regimientos de cohetes estratégicos de la 54º División de Cohetes de la Guardia de Teykovo iniciaron el despliegue de unidades móviles de cohetes estratégicos Topol-M y Yars desde Ivanono hacia las regiones de Irkutsk para realizar misiones de patrullaje en la programación anual de ejercicios de combate de las Fuerzas de Cohetes Estratégicos (RVSN). Durante los ejercicios los militares practican la superación de obstáculos en el terreno, el enmascaramiento y el cambio de posiciones de disparo, la interacción con otras unidades y el lanzamiento simulado de cohetes. Se trata de probar la disponibilidad para el combate que, según confirmó en diciembre pasado el propio comandante de las RVSN, general Karakayev, es del noventa y seis por ciento del conjunto de la Fuerza "que permanecen en alerta constante para un lanzamiento inmediato" (entrevista en Krasnaya Zvezda, 14 de diciembre de 2017). El mismo día saltaron las alarmas en los medios de detección y seguimiento occidentales cuando dos bombarderos portadores de misiles de crucero Tu-160 de la Aviación de Largo Alcance realizaron un vuelo a larga distancia con una duración de más de trece horas. Los bombarderos despegaron de la base aérea avanzada de Olenya, en la península de Kola, emprendieron el vuelo en dirección norte hacia aguas internacionales para girar en el Cabo Norte hacia el sur bordeando la costa noruega para alcanzar el mar del Norte; a mitad del vuelo, realizaron un giro de ciento ochenta grados hacia el noroeste a la altura de Gran Bretaña retomando la misma ruta para regresar al espacio aéreo ruso. En el vuelo estuvieron apoyados por aviones cisterna Il-78 que les suministraron combustible y fueron escoltados por aviones interceptores Mig-31 de la Defensa Aérea de la Flota del Norte en diferentes momentos. Desde su inicio el vuelo se siguió desde el control de control de la OTAN en Uedem (Alemania), que es el encargado de controlar la zona norte de la Alianza Atlántica en Europa. De este modo, cuando los bombarderos rusos se acercaron a la costa holandesa, salieron a su encuentro sendos cazas F-16AM belgas –que tienen por rotación la responsabilidad de la protección del espacio aéreo conjunto del Benelux- para hacer acto de presencia, identificarlos y escoltarlos durante la parte del vuelo asignada por el centro de control aliado. Posteriormente, fueron relevados en la misión por dos Eurofighter Typhoon de la RAF de la base de Lossiemouth; en apoyo de los cazas británicos despegó desde la base aérea de Brize-Norton un avión de repostaje en vuelo A-330 MRTT Voyager. Curiosamente, en el operativo aliado no participaron los cazas noruegos basados en Bodo y Orland, lo que se debió a las condiciones meteorológicas imperantes en la zona según informaron fuentes noruegas, aunque los bombarderos rusos fueron seguidos por los radares de la defensa aérea nacional. Es previsible que en estos ejercicios  hayan estado implicadas las Fuerzas Submarinas Estratégicas con alguno de sus submarinos nucleares portamisiles asignados a la Flota del Norte. En los medios de comunicación occidentales, azuzados por los propios portavoces militares, se habló directamente de "interceptación" para referirse a este tipo de acciones –que según la definición del Diccionario de la Real Academia Española es la acción de “apoderarse de algo antes de que llegue a su destino. Detener algo en su camino. Interrumpir, obstruir una vía de comunicación”-, cosa que evidentemente no se dio, ni se puede dar; es más en dichas informaciones se hablaba directamente de "amenaza rusa". Sin embargo, el Ministerio de Defensa de Rusia responde de forma unánime en estos casos: "todos los vuelos de los aviones rusos se llevan a cabo en estricta conformidad con las reglas internacionales para el uso del espacio aéreo sin violar las fronteras de otros Estados" (declaración en la web oficial del Ministerio de Defensa). Como expresó el analista Viktor Baranets, coronel retirado de las Fuerzas Armadas rusas: "en los estados mayores de la OTAN miran de forma poco normal estas situaciones. Los vuelos operados por la aviación rusa en concordancia con las normas internacionales se perciben como una amenaza militar. Todo eso es necesario para desplegar una propaganda, para morder a Rusia de alguna manera (...) Nosotros no amenazamos a nadie." (declaraciones en Sputnik, 16 de enero de 2018). Está claro que, después de un período de ausencia absoluta Rusia ha recuperado la capacidad de actuar en los espacios alejados del globo que son de su interés mostrando las capacidades de despliegue estratégico, tal como hacen los Estados Unidos con los desplazamientos frecuentes de sus bombarderos estratégicos a Europa y, más reciente, a la península de Corea para mostrar al régimen de Pyongyang que no se va a permitir que amenace impunemente a países aliados. Por ello, los desplazamientos de sistemas estratégicos terrestres y los vuelos de los bombarderos portadores de misiles hay que ponerlos en su contexto: un ejercicio de entrenamiento de las Fuerzas Nucleares Estratégicas destinado a validar las capacidades de los sistemas de disuasión nuclear en el marco de la programación anual del Mando Militar ruso, como anunció el mismo general Karakayev (entrevista citada, Krasnaya Zvezda del 14 de diciembre de 2017). Pero lo que resulta preocupante es que cada vez son más frecuentes las acusaciones mutuas entre Moscú y Washington de injerencia en las esferas de influencia y de incumplimiento de los tratados de desarme en una suerte de nueva paz armada. Es precio tener en cuenta que las injerencias en las zonas estratégicas del adversario afectan al régimen de estabilidad mundial, podemos decir, una especie de derecho consuetudinario regimental, lo que es altamente peligroso porque las grandes potencias han de mantener intactas las líneas fundamentales del núcleo y no jugar a averiguar si los demás partícipes han interiorizado cuáles son esas líneas. Puede ocurrir que lo que una de las partes suponga que forma parte de los círculos exteriores, otra parte considere que está afectando al propio núcleo sistémico estratégico y se destruya el régimen, con las consecuencias que podemos imaginar. Las dos grandes potencias existentes desde 1945 sabían cuáles eran las líneas fundamentales, por eso el régimen de estabilidad estratégica ha durado tanto tiempo, es lo que realmente ha mantenido la paz a nivel global durante más de setenta años. Pasó la guerra de Corea, la del Suez, la crisis cubana, Vietnam, y el régimen se mantuvo porque sabían cuál era su límite. Ahora ya no son dos, sino tres grandes potencias, las zonas de influencia cambiaron desde 1989, se globalizó la estrategia y, trabajosamente, se ha intentado reconstruir un régimen en el que los partícipes no parecen tener claros cuáles son sus líneas fundamentales, sus límites. No han hablado de eso, cosa que hicieron frecuentemente en el período diplomático del sistema mundial, hasta el punto de transformar un régimen implícito en mixto. Ese es el enorme fallo, que pueda desaparecer el entramado de tratados que mantenían la estructura del sistema, en cuyo caso el peligro de ruptura sería máximo.