GRANDES POTENCIAS, LANZAMIENTOS ESPACIALES E IMPACTO MEDIOMABIENTAL

Desde los inicios de la carrera espacial primero la Unión Soviética y, posteriormente, Rusia ha liderado el número de lanzamientos anuales de cohetes espaciales, tanto para fines gubernamentales propios como para clientes nacionales y extranjeros, representando este hito ininterrumpido la prueba de la excelencia de la industria espacial rusa. Sin embargo, en 2016 ha sido superada tanto por los Estados como por China en los lanzamientos espaciales: los Estados Unidos realizaron 22, China 20 y Rusia 18 –la Agencia Espacial Europea (ESA) se colocó en cuarto lugar con 9-. Pero es más, en los tres últimos años se ha producido un fuerte descenso en los lanzamientos de Rusia: 37 en 2014, 29 en 2015 y 18 en 2016. Esto se debe a varios motivos. Por un lado, desde 2010 la parte más importante de los recursos del programa espacial ruso se ha dedicado a la construcción del nuevo cosmódromo de Vostochny en el Extremo Oriente ruso cuyo primer lanzamiento tuvo lugar, precisamente, el 28 de abril de 2016. De este modo se conseguirá la independencia plena reduciendo o anulando la dependencia actual de Baikonur, que se encuentra más allá de las fronteras nacionales. Por otro, se ha llevado a cabo una profunda reestructuración de la industria espacial debido a los casos de ineficiencia e incluso de corrupción que han afectado a los programas espaciales –y que son una fuente de ingresos adicional para la industria espacial rusa-. Finalmente, como comentábamos en la reciente entrada AVANCES EN EL NUEVO PROGRAMA ESTATAL DE ARMAMENTOS DE RUSIA el gobierno ruso ha llevado a cabo una reducción del presupuesto de Roscosmos -actualmente de 23.421 millones de dólares- para ajustarlo a la caída del PIB de los dos últimos años. Sin embargo, se ha anunciado que se iniciará el desarrollo de una nueva estación espacial nacional, con independencia de la participación en los programas multinacionales que se puedan acordar en el futuro. En este sentido, ya se conoce la fecha aproximada para el colapso de la Estación Espacial Internacional, el programa espacial más importante desarrollado hasta ahora. Pero aquí también nos encontramos con un problema de consecuencias medioambientales incalculables: cuando la IEEE llegue al final de su vida operativa en 2028 será dirigida para que descienda hacia la Tierra y sus restos se hundirán en el océano Pacífico, en el área geográfica denominada “polo de la inaccesibilidad del Pacífico” -el lugar del océano que se encuentra más alejado de cualquier tierra firme se sitúa en el extremo sur de la Dorsal del Pacífico Oriental a 2.600 kilómetros de la Antártida y a 1.600 kilómetros de varias pequeñas islas oceánicas, y el fondo del océano se sitúa en ese punto a 3.700 metros de profundidad-. En esta zona reposan los restos de cientos de satélites y objetos espaciales hundidos en el océano a partir de 1971 por la NASA, Roscosmos, la ESA o más recientemente SpaceX, y entre ellos destacan por sus proporciones los restos de la estación espacial soviético-rusa Mir (hundida en 2001), constituyendo el mayor vertedero de basura espacial compuesto de todo tipo de materiales tóxicos, incluidas pilas de plutonio... y  que no se halla precisamente en el espacio. Más información el sitio web de Información de Defensa y Seguridad.

AVANCES EN EL NUEVO PROGRAMA ESTATAL DE ARMAMENTOS DE RUSIA

En diferentes publicaciones hemos hecho referencia al nuevo programa estatal de armamentos que está preparando el gobierno ruso para el período 2018-2025 –por ejemplo, sobre la construcción de los destructores lanzamisiles proyecto 22350 Líder, los trabajos para un nuevo submarino nuclear de ataque de quinta generación denominado Jasky o los estudios preliminares del nuevo bombardero de largo alcance del programa PAK-DA-. El nuevo programa de armamentos continuará el que actualmente se encuentra en curso en el período 2011-2017 y que, realmente, ha supuesto un salto cualitativo en el equipamiento de las Fuerzas Armadas rusas, aunque haya hitos que se no han podido alcanzar completamente como son la entrada en servicio del caza T-50 del programa PAK-FA o el retraso acumulado en la construcción de los SSBN Borei que ha supuesto que solo se encuentren en servicio tres de las ocho unidades previstas, por citar solo los dos programas más destacados. Sobre este tema, el Viceprimer Ministro de Defensa Dimitry Rogozin anunció el 1 de diciembre que el nuevo Programa Estatal de Armamentos 2018-2025 estará aprobado en julio de 2017, afirmó que no se van a producir recortes presupuestarios sobre las previsiones iniciales y que se priorizarán los  programas que supongan avances tecnológicos decisivos. Por su parte, el Viceministro de Defensa Yuri Borisov indicó que el Programa Estatal de Armamentos hasta 2025 incluirá el desarrollo y puesta en servicio de una nueva generación de armas de precisión que aseguren una ventaja tecnológica sobre cualquier adversario. Esto se conseguirá con el desarrollo de nuevos sensores con capacidad para suministrar información en tiempo real y en cualquier condición meteorológica y con equipos de comunicaciones avanzados diseñados para transmitir información en tiempo real a los que tienen que tomar las decisiones; estos equipos incluyen nuevos sistemas de tratamientos de datos avanzados y nuevas armas guiadas de precisión. Para la guía de estas nuevas armas avanzadas se requieren sistemas de comunicaciones espaciales y toda una infraestructura de apoyo en tierra cuya responsabilidad comparten las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia (VKS) y la agencia espacial Roscosmos. Sin embargo, el gobierno ruso ha anunciado recortes adicionales en el presupuesto de agencia espacial estatal para la próxima década, que alcanza actualmente los 23.421 millones de dólares. Los programas prioritarios para el período 2016-2026 son los sistemas de comunicaciones espaciales, en particular el sistema de posicionamiento global Glonass, nuevos satélites de comunicaciones y de reconocimiento y los programas científicos. Sin embargo, el Vicepresidente primero de Roscosmos Alexander Ivanov afirmó que los programas con fines militares podrían verse afectados con los recortes del presupuesto espacial.

LA CONSTELACIÓN SATELITAL EUROPEA SE AMPLIA

Desde que se iniciaron las misiones de lanzamiento de los satélites, en el blog hemos hecho un seguimiento del programa Galileo –véase la entrada anterior DOS NUEVOS SATÉLITES DEL SISTEMA GALILEO EN ÓRBITA- puesto que se trata de una de las decisiones de mayor alcance estratégico adoptadas en el seno del sistema de cooperación europea que denominados Unión Europea y organizaciones asociadas como la Agencia Espacial Europea (ESA). La finalidad es disponer de un sistema de posicionamiento por satélite global europeo que permita a los gobiernos, a las Fuerzas Armadas, a las empresas multinacionales y a los operadores privados europeos disponer de la capacidad de tomar decisiones autónomas en ámbitos estratégicos sin tener que recurrir a los sistemas americanos o rusos, aunque se ha construido para que sea compatible tanto con el GPS como con el sistema Glonass. De este modo, el “cegamiento” parcial o el cierre total de un sistema de guía espacial no impedirán que las comunicaciones, el transporte terrestre, marítimo o aéreo, o, en última instancia, los ataques militares con armas guiadas a objetivos definidos por los dirigentes europeos puedan ser impedidos por otras grandes potencias. Así, el 17 de noviembre de 2016 se produjo un avance sustancial en el programa satelital europeo cuando un cohete Ariane 5, que despegó del puerto espacial de Kouru en la Guayana francesa, se encargó por primera vez de transportar y poner en órbita cuatro satélites del sistema de posicionamiento global europeo Galileo de una sola vez. Hasta ahora los satélites del programa Galileo se lanzaban por pares empleando cohetes rusos Soyuz desde la Guayana francesa. Como ya dimos cuenta en una entrada anterior del mes de julio del 2016 titulada EL GIGANTE EUROPEO CRECE, la ESA, la corporación europea Airbus Safran Launchers y el CNES están desarrollando conjuntamente un nuevo lanzador europeo, denominado Ariane 6, y un nuevo complejo de lanzamiento, que ha sido dotado a primeros de noviembre con un presupuesto de 3.000 millones de euros. Con esta octava misión ya se encuentran en órbita dieciocho satélites del sistema Galileo que pronto alcanzará su capacidad operativa plena: veinticuatro satélites operativos y hasta seis en reserva, apoyados en una gran infraestructura terrestre necesaria para su explotación. De este modo se consolida el programa que encargó la Comisión Europea a la ESA destinado a crear y explotar un sistema de posicionamiento global satelital europeo independiente. Con la finalidad de fomentar un sector espacial europeo más competitivo a escala global, el 26 de octubre de 2016 la Comisión Europea y la ESA firmaron una declaración conjunta sobre la "Visión y objetivos compartidos para el futuro de Europa en el espacio" -documento disponible aquí-; los objetivos son garantizar la autonomía europea para acceder y utilizar el espacio en un entorno seguro, consolidar y proteger las infraestructuras espaciales, incluso contra ciberataques. Para ello, la ESA va a solicitar a los Estados miembros un compromiso plurianual de 11.000 millones de euros.
Como parte de su contribución a la política espacial europea, el gobierno español anunció a primeros de diciembre que incrementará la aportación económica al presupuesto de la ESA en cincuenta millones de euros anuales hasta los doscientos millones anuales, un total de 1.512,3 millones de euros en el período 2017-2024. Esto supone un incremento de 600 millones de euros, de los que 141,3 millones se destinarán a contribuciones obligatorias y 459 a financiar programas opcionales como son los de observación de la tierra, cohetes espaciales, telecomunicaciones, exploración espacial, misiones tripuladas y microgravedad, navegación espacial, tecnología y seguridad. El anuncio fue realizado por el Ministro de Guindos en la reunión del Consejo ministerial de la ESA en Lucerna cuya presidencia ejerce España por turno. De Guindos también confirmó que no se plantea crear una agencia espacial española: "lo que se necesita no es tanto hacer una Agencia Espacial española como coordinar todos los actores del sector".   


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DEMASIADOS PÁJAROS EN EL CIELO OTRA VEZ: SLBMS, ICBMS, SARMAT Y PROYECTO 4202


El mes de octubre de 2016 ha traído de nuevo por parte de Rusia un despliegue de capacidades nucleares estratégicas solo comparable con otros ejercicios anteriores llevados a cabo por el Ministerio de Defensa, como el de guerra nuclear global de octubre de 2015 o la Operación Begemot en agosto de 1991. Durante este mes de octubre tanto las Fuerzas Submarinas Estratégicas de las dos flotas principales de Rusia, como las Fuerzas Coheteriles Estratégicas (RVSN) han efectuado varios lanzamientos de cohetes estratégicos, combinados a finales de mes con el lanzamiento de misiles de crucero por unidades navales de superficie y submarinas, poniendo de manifiesto las renovadas capacidades de combate de las Fuerzas Navales y Estratégicas de Rusia, y que ya se han visto en un conflicto real como es la guerra civil en Siria desde octubre del año pasado. De este modo, el 12 de octubre de 2016 el submarino nuclear portamisiles (SSBN) proyecto 667BDR (Delta III en código OTAN) K-433 Svyatoi Georgy Pobedonosets asignado al 12º Escuadrón de Submarinos de la Flota del Pacífico con base en Rybachiy, en la península de Kamchatka, efectuó el disparo de un cohete intercontinental (SLBM) R-29R en inmersión en el mar de Okhotsk que, después de realizar la trayectoria de vuelo, las ojivas inertes impactaron en el polígono de Chizhá en la península de Kanin, al norte de la Rusia europea. Poco después, el SSBN proyecto 667BDRM (Delta IV) K-407 Novomoskovsk perteneciente al 12º Escuadrón de Submarinos de la Flota del Norte realizó el lanzamiento de un SLBM R-29RM Sinevá en inmersión en el mar de Barents que también alcanzó con éxito el objetivo previsto en el polígono de pruebas de Kura, en la península de Kamchatka, en el Extremo Oriente ruso. Por su parte, las RVSN lanzaron el mismo día un cohete con base en tierra (ICBM) Topol (SS-25 en código OTAN) desde el cosmódromo de Plesetsk, en el norte de la Rusia europea, que también se dirigió y alcanzó el objetivo programado en el polígono de Kura. Según declararon fuentes del Ministerio de Defensa esta prueba ha servido para validar la extensión de la vida útil del cohete Topol más allá de los veintiséis años, y se trata del segundo lanzamiento de este modelo en menos de un mes –en todo caso, estos dos lanzamientos estaban programados y habían sido anunciados por el comandante en jefe de las RVSN, general Karakayev-. Pocos días después, el 16 de octubre, el submarino nuclear lanzador de misiles de crucero (SSGN) proyecto 949A Antey (Óscar en código OATN) K-410 Smolensko disparó un misil de crucero P-700 Granit en el mar de Barents para alcanzar un objetivo costero en la isla Severni en el archipiélago de Nueva Zembla –se trata del segundo ejercicio de esta naturaleza en menos de un mes, ya que a finales de septiembre pasado el crucero nuclear proyecto 1144.2 Pedro El Grande y un SSGN Antey no identificado realizaron sendos disparos de misiles Granit en el mar de Barents-. El día 25 de octubre la Oficina de Diseño de Cohetes Makayev divulgó en su sitio web la primera imagen del nuevo ICBM pesado de las RVSN, denominado RS-28 Sarmat, que entrará en servicio previsiblemente a partir de 2018. El Ministerio de Defensa ruso firmó en junio de 2011 el contrato para el desarrollo del nuevo cohete Sarmat con la finalidad de reemplazar a los ICBM pesados RS-36M2 Voevoda (SS-18 en código OTAN) que entraron en servicio entre 1970 y 1980 –recordemos el por qué del despliegue de los "Euromisiles" en los ochenta-, capaces de transportar hasta diez ojivas nucleares y que ya están llegando al final de su vida operativa. Según han anunciado fuentes del Ministerio de Defensa y de la Oficina Makayev, el nuevo ICBM es capaz de cargar entre diez y dieciséis ojivas nucleares y señuelos y contramedidas a distancias intercontinentales- se habla de hasta 16.000 kilómetros de distancia-, constituyendo un arma sin equivalente en el bloque militar occidental. Incluso se ha anunciado que podrá transportar el nuevo vehículo portador  hipersónico actualmente en desarrollo en el marco del denominado Proyecto 4202.  Precisamente, un día después, el 26 de octubre las RVSN llevaron a cabo el lanzamiento de un ICBM UR-100NUTTH (SS-19) desde un silo situado en la base de misiles de Dombarovsky, en la región de Oremburgo, cuyas ojivas impactaron con éxito en el polígono de Kura a 6.000 kilómetros de distancia del lugar de lanzamiento. De acuerdo con la opinión de varios especialistas -y lo publicado en medios rusos- puede tratarse de una nueva prueba del vehículo hipersónico Yu-71 comentando antes, y similar a la que se realizó el pasado 19 de abril con las mismas características. Llegados a este punto nos planteamos: ¿qué persigue Rusia con el desarrollo de este nuevo ICBM pesado y de las nuevas ojivas hipersónicas? Pues, sin duda, trata de garantizar la disuasión nuclear efectiva y asegurar las Fuerzas Estratégicas propias frente la instalación por los Estados Unidos de sistemas antimisiles en las fronteras de Rusia que socavan uno de los principios de la estabilidad estratégica: la invulnerabilidad mutua de las Fuerzas de Cohetes Estratégicos. La alternativa a este reto es clásica: la necesidad de disponer de una poderosa Contrafuerza capaz de superar un primer ataque nuclear masivo del adversario y poder des cargar un golpe de proporciones catastróficas en las fuerzas restantes del adversario, o  entrar en un juego peligroso que no es otro que la tentación del ataque preventivo cuando se tuvieran indicios “racionales” de la preparación de un eventual ataque nuclear. El problema es que los Estados Unidos están jugando el peligroso juego de dotar a sus vehículos de ataque hipersónico con ojivas convencionales dentro del programa Prompt Global Strike. La cuestión se torna entonces en saber cuándo un ataque es masivo o no, y si no lo es, si las armas que portan los cohetes estratégicos transportarán cargas nucleares, en cuyo caso se debe activar un ataque nuclear de respuesta, o carga convencional y entonces no estaría justificada la respuesta con armas nucleares, pero que no se dudaría en calificarlo de nuclear para así descargar toda la fuerza nuclear y acabar con el problema de forma global. El coste es absoluto en los dos casos. Por tanto, la humanidad se puede ver abocada a la destrucción más estúpida por el juego de las variables estratégicas y del inevitable margen de incertidumbre en la decisión política: Kennedy lo resolvió correctamente en los años sesenta, pero los líderes europeos de 1914 abocaron al mundo a una guerra global de proporciones desastrosas que llevó a la caída de los imperios europeos y el advenimiento del sovietismo en Rusia.
Si juzgamos la cuestión basándonos en la teoría de la adopción de decisiones, según Deustch, toda decisión tiene un margen de error del cincuenta por ciento y hay que fijar la atención en los márgenes que puedan inclinarla en una proporción sustancial hacia un lado o hacia otro. Descartando, por ser una variable acientífica, la irracionalidad -totalmente factible pero no manejable a estos efectos- hemos de fijarnos en los factores sociales que puedan primar la decisión, y sobre todos ellos el más importante: ¿en caso de adoptar una decisión, los beneficios son, en un porcentaje al menos del sesenta por ciento mayores que las pérdidas? Esto entra dentro de la teoría de los juegos, que Deustch manejaba siguiendo las normas de Talcott Parsons para elaborar un sistema estructurado. Por tanto, si elaboramos una estructura sistémica con solo dos variables únicas el resultado dependerá del peso sistémico que el entorno imponga a la estructura. Hacia que lado al menos el sesenta por ciento se incline el dilema de la decisión, deberá ser el que mayor número de funciones cumpla: factor geográfico, demográfico, recursos naturales, capacidad de supervivencia, certeza de la destrucción total del otro y, sobre todo, número y potencialidad de los aliados.

ARSENALES NUCLEARES DE LAS GRANDES POTENCIAS A 1 DE SEPTIEMBRE DE 2016

El Departamento de Estado de los Estados Unidos ha publicado los datos numéricos correspondientes a los arsenales nucleares estratégicos de las dos grandes potencias conforme a las cláusulas de transparencia de la información que se contienen en el Tratado de Armas Estratégicas (nuevo START) firmado en Praga el 10 de abril de 2010, y que está en vigor desde el 5 de febrero de 2011. Conforme a los datos recopilados, los Estados Unidos disponen de 1.367 ojivas nucleares en 848 lanzadores entre misiles basados en tierra, misiles lanzables desde submarinos y bombarderos estratégicos, de los que 681 se encuentran desplegados. Los datos en el mes de marzo de 2016 eran de 1.481 ojivas, 878 lanzadores con 741 en estado operativo.  Por su parte, Rusia mantiene 1.796 cargas nucleares estratégicas en 847 vectores de lanzamiento, de los que están actualmente operativos 508. En el mes de marzo anterior los números eran 1.735, 856 y 521 respectivamente. En el caso de Rusia destaca el incremento en los lanzadores disponibles –veintidós- en los que ya se contabiliza la entrada en servicio del tercer SSBN de clase Borei, que se ha incorporado a la Flota del Pacífico el 26 de septiembre de 2016, y que transporta dieciséis cohetes R30 Bulavá equipados con hasta seis ojivas de 150 kilotones cada una -lo que hace un total de 96 cargas nucleares en 16 nuevos SLBM- y el despliegue de nuevos ICBM RS-24 Yars de las Fuerzas Coheteriles Estratégicas (RVSN); estos incrementos han sido contrarrestados en parte por la baja de unidades adicionales de ICBM Topol más antiguos de las RVSN, lo que arroja una reducción de trece unidades en estado operativo. De este modo, los Estados Unidos se acercan a los límites máximos previstos en el tratado -1.550 ojivas nucleares estratégicas disponibles, 800 lanzadores entre ICBM, SLBM y bombarderos estratégicos y 700 de ellos en estado operativo-, pues solo deben reducir cuarenta y ocho vectores de lanzamiento totales, mientras que Rusia debe rebajar las cifras en cuarenta y siete vectores y 246 cargas nucleares. Aunque la vigencia inicial del nuevo tratado START es de diez años, el contexto actual plantea serias dudas acerca de que las dos grandes potencias cumplan efectivamente con los límites máximos acordados para las armas nucleares estratégicas e, incluso, se podría poner en tela de juicio la vigencia del mismo tratado debido a desintegración del sistema de estabilidad estratégica como consecuencia del creciente enfrentamiento de las grandes potencias en sus zonas de fricción: Europa oriental, el Cáucaso y Asia central y su extensión a Oriente Medio que se dirime en estos momentos en las guerras contraterroristas de Siria e Irak. Tal es así que en los primeros días de octubre el gobierno ruso ha suspendido mediante sendos decretos dos importantes acuerdos en materia de cooperación nuclear bilateral. En primer lugar, el 3 de octubre de 2016 el Presidente Putin ordenó la suspensión del Acuerdo de Gestión y Disposición de Plutonio (PMDA) firmado en el 29 de agosto de 2000 argumentado que Washington ha incumplido de forma deliberada los compromisos en la gestión del plutonio militar y que el mantenimiento de las sanciones y acciones inamistosas contra Rusia supone una amenaza para la estabilidad estratégica. Dos días después, el 5 de octubre el Primer Ministro Medvedev suspendió la aplicación de los acuerdos de cooperación en investigación y desarrollo nuclear y energético firmados en Viena el 16 de septiembre de 2013 precisando que la decisión se ha tomado “en relación con la introducción por parte de los Estados Unidos de restricciones en la cooperación con Rusia en el campo de la energía nuclear”.

RUSIA PRUEBA UN NUEVO ICBM, COREA DEL NORTE E IRÁN

Mientras se habla de las maldades sin límite a las que parece que está abocado el régimen tiránico de Corea del Norte que, en el paroxismo del uso del poder por el líder “carismático” Kim Jong-un, se dedica a realizar pruebas nucleares sin sujetarse a ninguna norma del Derecho Internacional, incluido el Tratado de No Proliferación Nuclear del que, hay que recordar, ya no forma parte, Rusia continúa con las pruebas regulares de cohetes de sus Fuerzas Nucleares Estratégicas. Así, el 9 de septiembre de 2016 se llevó a cabo el lanzamiento desde el cosmódromo de Plesetsk en el norte de la Rusia europea de un ICBM Topol en la parte final de unos ejercicios de mando y control dirigidos por el comandante en jefe de las Fuerzas Coheteriles Estratégicas general Karakayev. El cohete intercontinental realizó la trayectoria balística programada y alcanzó el objetivo establecido en el polígono de pruebas de Kura, en la península de Kamchatka en el Extremo Oriente ruso, aproximadamente a 5.900 kilómetros del lugar de lanzamiento. Según informó un portavoz del Ministerio de Defensa “se cumplieron en su totalidad los objetivos” que consistían en comprobar las principales características del cohete, ensayar una nueva ojiva avanzada destinada a superar los sistemas antimisiles. Como decimos no se trata de una prueba excepcional sino de uno de los disparos programados, uno más, dentro del programa de verificación permanente al que Moscú –y también Washington- somete a los diferentes componentes de sus Fuerzas de Disuasión Nuclear. Las grandes potencias acordaron durante la Guerra Fría un régimen de estabilidad estratégica y, de forma paralela, un régimen de no proliferación nuclear, con la finalidad precisamente de disponer de la capacidad de represalia masiva en caso de ataque por parte de otra potencia nuclear y de la negación de estas mismas capacidades al resto de los actores del sistema internacional. Es verdad que más pronto o más tarde, el resto de los miembros del Consejo de Seguridad lograron disponer de armas nucleares e incluso otras potencias regionales lo consiguieron como es el caso de Israel, la India, Pakistán o la autodesnuclearizada Sudáfrica. La proliferación nuclear es el mayor peligro para el régimen de estabilidad estratégica y por ello las dos grandes potencias se conciertan para su mantenimiento, tal es así que durante los años sesenta del siglo pasado barajaron la posibilidad de anular el emergente programa nuclear militar chino aunque diferencias políticas profundas hicieron que esas conversaciones preliminares no se terminaran de concretar en medidas de fuerza. Pero eso es, precisamente, lo que piden ahora la Presidenta de Corea del Sur Park Geun-hye y su gobierno: que se lleve a cabo un ataque preventivo “para neutralizar” las instalaciones nucleares y militares norcoreanas y si es preciso contra la misma capital del régimen norteño, Pyongyang, para que deje de una vez y para siempre de representar una amenaza para los vecinos regionales. Pero en este mismo tiempo, Rusia e Irán han emprendido la segunda fase de la construcción de la planta nuclear de Busher, en el sur del país del Golfo Pérsico. El Director de la Agencia de Energía Atómica iraní Alí Akbar Salehi señaló en los actos de inicio de esta segunda fase el 10 de septiembre de 2016 que el proyecto Busher-2 supone una nueva etapa en el desarrollo nuclear de Irán. Bien entendido que este nuevo proyecto se desarrolla en el marco del TNP y las directrices y salvaguardas que impone la Agencia Internacional de la Energía Atómica, es decir, con la aceptación de las grandes potencias tras los históricos acuerdos de julio de 2015. Sin embargo, parece que la gran catástrofe nuclear se acerca, se perciben sus síntomas y los realineamientos. Esto es consecuencia de que el sistema internacional ha cambiado demasiado rápido y, como recuerda Kissinger en su libro más reciente, no existen principios generales para el mantenimiento de la estructura internacional que sean aceptados por todos, sin duda ello es consecuencia de la creciente e intensa debilidad de los Estados Unidos.
Sobre Corea del Norte, la proliferación nuclear y las tesis de la “paciencia estratégica” del Presidente Obama véase Lara, B.: “La penúltima provocación de Corea del Norte”, Política Exterior núm. 173, septiembre/octubre de 2016, pp. 90-97.

Porque tus ojos son la luz de mis días y el goce de mis noches.

REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA EN EL ESPACIO

La agencia espacial rusa Roscosmos, en cooperación con la Academia de Ciencias de Rusia, pretende enviar a la Estación Espacial Internacional una bioimpresora 3D capaz de funcionar en espacios de ingravidez. El objetivo d este programa es poder crear fragmentos de tejidos vivos y órganos ultrasensibles a las radiaciones espaciales para estudiar los efectos negativos que tiene la estancia prolongada en el espacio y desarrollar mecanismos y terapias para poder paliarlos y, en su caso, restaurar los tejidos de los cosmonautas que estén sometidos a períodos extremadamente largos de permanencia en el espacio. Roscosmos ha encargado el proyecto a la corporación estatal de cohetes ORKK y a la empresa especializada Bioprinting Soluctions que serán encargadas de las fases de diseño, fabricación y pruebas antes de enviarla a la EEI en 2018.