SOBRE EL CONCEPTO DE GUERRA IRRESTRICTA

El profesor Cristián Faundes, investigador en temas de seguridad y defensa, ha dedicado una parte sustancial de su trayectoria académica al estudio y análisis de las nuevas formas de conflicto de la posguerra fría, esa etapa de las relaciones internacionales que muchos científicos políticos denominan posmoderna, y entre ellas, sin duda, lo que ha desarrollado con mayor empeño teórico es el concepto de “guerra irrestricta”, también denominada “guerra sin límites”, y que se trata de un concepto diferente a los de “guerra híbrida” o “guerra asimétrica”, y que sin duda es asumido en la asertiva Doctrina Gerasimov que aplica Rusia.
El concepto de guerra irrestricta fue desarrollado en 1999 por Q. Liang y W. Xiangsui, dos coroneles del Ejército Popular chino, y que se publicó en Occidente en 2002 con el título de Unrestricted warfare. China´s master Plan to Destroy America (Pan American Publishing. Panamá, 2002; traducción posterior al francés como La guerre hors limites. Rivages. París, 2003). Los principios de la guerra irrestricta se basan en la ausencia de reglas, en la expansión de la guerra fuera de los campos de batalla clásicos, abarcando las cinco dimensiones del conflicto actual, el empleo de métodos coercitivos que se aplican a todos los ámbitos del potencial adversario y el uso masivo de las tecnologías de la sociedad de la información, incluidos los ciberataques masivos a los sectores económicos, financieros y empresariales, y la ciberguerra. El profesor Faundes ha dedicado a su estudio trabajos significativos como son “Sobre los principios de la guerra irrestricta” (Cuadernos de Difusión del Pensamiento de Estado Mayor núm. 30, 2009, pp. 34-45), primer acceso que tuve a los estudios teóricos que desarrollaba Faundes sobre el tema y que me ilustró en posteriores conversaciones académicas de gran calado teórico y conceptual; sus avances teóricos se plasmaron a continuación en un trabajo de mayor entidad al publicarse su tesis de magister en seguridad y defensa en 2010: Desde la guerra total a la guerra irrestricta. La deconstrucción de un concepto (Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos. Santiago de Chile, 2010).
Ahora, en 2017 publica en España La deconstrucción de la guerra total y la irrupción de la guerra irrestricta. Punto de quiebre estratégico en el escenario internacional (Ministerio de Defensa. Madrid, 2017) donde condensa todo su pensamiento teórico sobre el tema. En esta obra el profesor Faundes desarrolla en profundidad el concepto de guerra irrestricta comparándolo con el de guerra total, ya establecido por Clausewitz en su obra clásica De la Guerra (1831) con la finalidad de verificar si nos hallamos ante un nuevo modelo estratégico. Tras un análisis exhaustivo que compara ambos conceptos en los primeros capítulos, el autor llega a la conclusión de que nos enfrentamos a un nuevo escenario en el pensamiento estratégico.
Referencia bibliográfica completa: FAUNDES, C.: La deconstrucción de la guerra total y la irrupción de la guerra irrestricta. Punto de quiebre estratégico en el escenario internacional. Ministerio de Defensa. Madrid, 2017.
El libro se encuentra disponible en Publicaciones de Defensa del Ministerio de Defensa de España.

ESTADO DE LOS ARSENALES NUCLEARES DE LAS GRANDES POTENCIAS A 1 DE SEPTIEMBRE DE 2017

El Departamento de Estado de los Estados Unidos ha publicado nuevamente los datos cuantitativos de los arsenales estratégicos de las dos grandes potencias a 1 de septiembre de 2017 conforme a las estipulaciones de intercambio de información y publicidad establecidas en el Tratado de Armas Estratégicas (nuevo START)  de 10 abril de 2010. Previamente debemos recordar que este tratado entró en vigor el 5 de febrero de 2011 después de que se superaran los procesos de ratificación nacionales respectivos –información disponible AQUÍ-. Este dato es fundamental, porque los límites cuantitativos que establece el propio Tratado deben cumplirse a más tarde en la próxima fecha de intercambio de información, esto es, a 1 de marzo de 2018. Los límites cuantitativos que establecieron las partes al final del período inicial de siete años –la vigencia del tratado es de diez años prorrogable- son: 1.550 ojivas nucleares para vectores de lanzamiento estratégico (ICBM, SLBM y bombarderos estratégicos), 800 sistemas de lanzamiento disponibles y 700 de ellos desplegados al mismo tiempo. Pues bien, conforme a los datos aportados este mes los Estados Unidos disponen de 1.393 cargas nucleares estratégicas, 800 vectores de lanzamiento disponibles y 660 desplegados. Por su parte, Rusia tiene 1.561 cargas nucleares estratégicas, 790 vectores de lanzamiento disponibles y 501 desplegados. Esto significa a la fecha indicada ambas potencias prácticamente se encuentran dentro de los límites que se tienen que alcanzar en febrero de 2018; solo Rusia debe de reducir sus ojivas nucleares estratégicas, en concreto, once cargas para ajustarse al límite de 1.550 cargas nucleares, objetivo totalmente realizable simplemente con la retirada de un cohete R-36M2 Voevoda (SS-18 Satán en código OTAN) y un Topol móvil o en silo (SS-25 en código OTAN), que cargan diez y una ojiva respectivamente, y ambos sistemas se encuentran actualmente en proceso de retirada definitiva. Pero, hay que destacar además, que de los datos de 1 de marzo hasta ahora, las dos grandes potencias llevaron a cabo reducciones significativas en todos los apartados: los Estados Unidos redujeron dieciocho cargas estratégicas, veinte sistemas de lanzamiento disponibles y trece sistemas desplegados; y Rusia, ha reducido 204 cargas, veintiséis sistemas disponibles y veintidós sistemas desplegados. Esto significa que, más allá de los cantos de sirena que abogan por una desnuclearización total –recordemos el más reciente de ellos: aprobación por parte de la Asamblea General de Naciones Unidas del Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares el 7 de julio de de 2017, al respecto véase el ensayo de Ignacio Cartagena Núñez publicado en el IEEE- las grandes potencias consideran –y esto seguirá siendo así en un futuro a muy largo plazo-, a las armas nucleares como un componente esencial para garantizar la seguridad nacional a través del sistema de disuasión nuclear, pero también, y quizás tan importante como el anterior, como elemento esencial para el mantenimiento de su supremacía en el sistema internacional global. Esto es así porque la posesión de arsenales nucleares estratégicos les garantiza la inmunidad frente a las otras potencias nucleares y, al mismo tiempo, les dota de la capacidad para causar daños de proporciones catastróficas a cualquier agresor convencional que cometiera el error de emprender un ataque militar contra los centros de poder, las infraestructuras estratégicas o las ciudades de una de las dos grandes potencias. Y esto será así mientras no se produzca una revolución tecnológica militar que conlleve la introducción de sistemas de combate disruptivos. En consecuencia, para garantizar esta posición tanto Rusia como los Estados Unidos están desarrollando en la actualidad costosísimos programas de modernización que alcanzan a los tres componentes de la tríada nuclear: los cohetes estratégicos basados en tierra (ICBM), los cohetes estratégicos embarcados en submarinos nucleares (SLBM) y los bombarderos de largo alcance o estratégicos, así como los laboratorios y centros de investigación y almacenamiento de armas nucleares –asunto al que hemos hecho referencia en la entrada anterior ARSENALES NUCLEARES DE LAS GRANDES POTENCIAS A 1 DE MARZO DE 2017.

DEMASIADOS PÁJAROS EN EL CIELO VERSIÓN 2017: COHETES ESTRATÉGICOS, SATELITES Y ARMAS ESPACIALES


Lanzamiento de cohete RS-24 móvil, Plesetsk, 20 de septiembre de 2017 (Fuente: Ministerio de Defensa de Rusia vía canal RT en YouTube.com).
Este es un título recurrente que he empleado en el blog cuando, de repente, se ha producido una concatenación de acontecimientos relacionados con el espacio y con los lanzamientos de cohetes estratégicos que realizan periódicamente las dos grandes potencias globales con la finalidad de evaluar la disponibilidad de sus fuerzas de disuasión nuclear. El último episodio se produjo en octubre de 2016 cuando, en pocos días, las Fuerzas Nucleares Estratégicas rusas lanzaron varios SLBM, ICBM y misiles de crucero en el marco de un ejercicio global de guerra nuclear; entre ellos, además, uno relacionado con el programa de armas hipersónicas que está desarrollando Rusia. La descripción de eventos y las conclusiones sobre los mismos en relación con los programas de armas hipersónicas y la tentación por el ataque preventivo están disponibles en la entrada titulada DEMASIADOS PÁJAROS EN EL CIELO OTRA VEZ: SLBMS, ICBMS, SARMAT Y PROYECTO 4202.
Pues bien, el mes de septiembre de 2017 parecía dominado a priori por la prueba nuclear coreana, que tuvo lugar el 3 de septiembre, y los reiterados lanzamientos de cohetes de alcance intermedio (IRBM) llevados a cabo por el irresponsable régimen norcoreano de Kim Jon-un, y que han merecido el reproche de todos los Estados y de las Organizaciones Internacionales de seguridad, incluidas las Naciones Unidas –eso que los profetas de la nueva era llamaron ridículamente la “comunidad internacional” y que, desafortunadamente, tanto calado ha tenido entre los políticos occidentales y los medios de comunicación a escala global, incluidas las redes sociales-. Pero esto puede formar parte de la anécdota en la agenda internacional mientras Beijing no ponga freno definitivamente a las aspiraciones nucleares de Corea del Norte. Porque, entre pruebas de cohetes estratégicos, lanzamientos espaciales y los desarrollos de sistemas de combate aeroespaciales no tripulados, los Estados Unidos y Rusia siguen adelante con lo que desde hace tiempo hemos calificado como una nueva carrera espacial. De este modo, a finales del mes anterior (28 de agosto) Roscosmos lanzó un cohete Protón-M desde el cosmódromo de Baikonur que puso en órbita el satélite de comunicaciones militar Blagovest, al que se asignó la denominación estándar Cosmos-2520. Se trata del primero de cuatro aparatos que componen un sistema satelital geoestacionario que suministrará servicios de internet de banda ancha, video y televisión sobre el territorio ruso, y que tiene una vida operativa estimada de quince años. Dos semanas más tarde, el 12 de septiembre de 2017, las Fuerzas Coheteriles Estratégicas (RVSN) lanzaron un cohete estratégico RS-24 Yars desde un silo situado en el centro espacial de Plesetsk con ojivas inertes que alcanzaron los objetivos programados en el polígono de Kura en la península de Kamchatka. Según informó el Ministro de Defensa ruso, el objetivo de la prueba era “confirmar la disponibilidad de una parte de los cohetes de esta serie”, lo que indica que se trata de uno de las partidas más recientes que se están entregando a las divisiones de cohetes estratégicos de Kozelsk y Tatischevo. Pero también se empleó para probar “una nueva cabeza de combate experimental” que no parece tener relación con el programa de armas hipersónicas conocido como Proyecto 4202. Pocos días después, el 20 de septiembre de 2017, se produjo un nuevo lanzamiento de un RS-24 Yars basado en una plataforma móvil (TEL), también desde Plesetsk, en un ejercicio de entrenamiento de combate de las tripulaciones de los sistemas móviles desplegados en la División de Cohetes Estratégicos de Yoshkar-Ola; las ojivas alcanzaron con éxito el blanco que se encontraba en la península de Kamchatka. Cuatro días después comenzó un ejercicio de mando de las Fuerzas Nucleares Estratégicas en el que participaron unidades de la División de Cohetes Estratégicos de Novosibirsk con el despliegue de más de cuatro mil efectivos y unos cuatrocientos vehículos que se pusieron en estado de alerta y salieron al campo recorriendo los itinerarios de patrullaje de combate preestablecidos, haciendo frente a incursiones de unidades de operaciones especiales adversarias y a ataques con armas de precisión en un escenario  estresado de interferencias electrónicas. Durante el desarrollo de estos ejercicios,  el 26 de septiembre tripulaciones de las RVSN llevaron a cabo el lanzamiento de un cohete estratégico RS-12M Topol desde el polígono de pruebas de Kapustin Yar, en la región rusa de Astrakhan, cuya única ojiva alcanzó correctamente el objetivo programado en el polígono de Sary-Shagan en Kazakhstán -un vídeo del disparo está disponible aquí-. Según informó el Ministerio de Defensa ruso el objetivo de este lanzamiento era probar una nueva cabeza de combate destinada a superar las defensa antimisiles. Pocos días antes, esto es, el 22 de septiembre de 2017, las Fuerzas Aeroespaciales (VKS) lanzaron desde el complejo número 43 de Plesetsk un cohete portador Soyuz-2.1b que puso en órbita con éxito un satélite Glonass-M del sistema de posicionamiento global ruso, que fue designado después de unos momentos iniciales de confusión como Cosmos-2522 -los anteriores satélites Glonass-M se pusieron en órbita el 7 de febrero de 2016 (Cosmos-2514) y el 29 de mayo de 2016 (Cosmos-2516)-. Esta confusión enlaza  precisamente con otro aparato espacial de singular interés: el que portaba el cohete Soyuz-2.1b que se lanzó una vez más desde Plesetsk el 23 de junio de 2017 y que, posteriormente, el Ministerio de Defensa de Rusia reconoció declaró oficialmente que se trata de un satélite "inspector", diseñado y puesto en órbita para acercarse y, en su caso, tomar contacto con otros satélites u objetos en el espacio -por ejemplo satélites fuera de servicio, restos de lanzamientos anteriores o, simplemente, basura espacial-, siempre que se trate de objetos nacionales (sic) según precisó el mismo Ministerio de Defensa; este satélite recibió posteriormente la designación de Cosmos-2521
Como sabemos, el gobierno ruso está gastando ingentes cantidades de dinero en el programa espacial: por un lado, en la construcción del gigantesco cosmódromo de Vostochni en la Siberia central, que permitirá desentenderse de la dependencia actual de Baikonur, ubicado en Kazakhstán –de hecho, Roscosmos pretende efectuar cinco lanzamientos desde el nuevo centro espacial en 2018-, y por otro, en el desarrollo de nuevos cohetes pesados y superpesados capaces de transportar cargas de grandes dimensiones al espacio. En este sentido, el Viceprimer Ministro ruso Dmitry Rogozin expresó este mismo mes que el primer lanzamiento del cohete pesado Angara-A-5M “está programado para 2021, y el de un cohete superpesado para después de 2025”. Mirando de reojo a su principal competidor en la carrera espacial, Rogozin declaró que Rusia sigue con atención los avances de las empresas privadas como SpaceX que emplean tecnologías que permiten reutilizar las primeras etapas de los cohetes; esto es así porque “no podemos ceder a nadie el mercado de los servicios  de lanzamiento. Mantenemos el liderazgo en ese mercado, así que debemos tomar ciertas decisiones”. En este marco estratégico-conceptual, salen a la luz las especificaciones de un nuevo avión de combate no tripulado ruso denominado Mig-41, que se encuentra en fase de definición por parte de la corporación aeronáutica MiG. Según las informaciones divulgadas hasta el momento, esta aeronave será capaz  de volar a 4.500 kilómetros por hora y lanzar misiles hipersónicos (velocidades del rango de mach 6-7). Se espera que el diseño esté preparado para 2020 y los primeros prototipos en 2025. El jefe de diseño de MiG, Ilya Tarasenko, explicó que “el Mig-41 tendrá la capacidad de operar en el espacio, cargará nuevas armas, será muy rápido y tendrá un alcance operacional elevado”, del rango de más de cien kilómetros de altitud, superando la denominada Línea de Kaman, que es la frontera imaginaria entre la atmósfera terrestre y el espacio exterior. Esto es, sencillamente, la militarización del espacio, llevar la guerra más allá de los límites conocidos hasta ahora, como hemos dicho en dos entradas recientes en el blog: ESTADOS UNIDOS AVANZA EN LA MILITARIZACIÓN DEL ESPACIO y HACIA UN SISTEMA RUSO DE GUERRA ESPACIAL.
Del otro lado, en junio de 2006 el Presidente Obama envío al Congreso un informe con un anexo clasificado sobre la “política integrada para contener a los adversarios de los Estados Unidos en el espacio” de acuerdo con la Ley de Autorización de la Defensa Nacional que especifica que “el Presidente debe iniciar un proceso interinstitucional para desarrollar la política de contención de los adversarios en el espacio.” Y esta iniciativa política ha sido continuada por el Presidente Trump, que aprobó un decreto presidencial por el que vuelve a crear el Consejo Nacional del Espacio –que desapareció en 1993- con la finalidad de coordinar todos los aspectos del poder espacial americano e integrar a los principales Departamentos del gobierno, el Pentágono, la NASA y la inteligencia nacional, en la toma de decisiones. En la firma del documento el Presidente Trump expresó que se trata de “una señal clara al mundo sobre el liderazgo de los Estados Unidos en el espacio.” (he subrayado la expresión para compararla con la anterior de Rogozin). No es casual, sin duda, que en estas mismas fechas (8 de septiembre de 2017) un cohete reutilizable Falcon 9 de SpaceX –recordemos de nuevo la cita anterior de Rogozin respecto a unos de los focos de atención especial de Rusia- llevó por primera vez al espacio un avión robótico Boeing X-37B en la quinta misión del programa de la Fuerza Aérea para el desarrollo de aeronaves no tripuladas que pueden regresar a la Tierra por sus propios medios –programa del que también nos hemos ocupado en UN EJEMPLO DE LA CRECIENTE MILITARIZACIÓN DEL ESPACIO: EL PROYECTO XS-1-. Como en las misiones anteriores el alcance, cometidos y permanencia en el espacio de la misión OTV-5 son secretos. El 24 de septiembre de 2017 un cohete portador Atlas V equipado con motos rusos RD-180 -recordemos que sigue vigente el régimen de sanciones aprobado por los Estados Unidos y la Unión Europea en el verano de 2014 como consecuencia de la implicación rusa en el conflicto de Ucrania- despegó de la base aérea de Vandenberg, en California, y puso en órbita el satélite de reconocimiento NROL-42 de la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO). Según datos del Departamento de Defensa, este satélite esta destinado a detectar lanzamientos de cohetes estratégicos en el hemisferio norte a través de sensores infrarrojos -los anteriores satélites al servicio de la NRO se lanzaron el 29 de julio de 2016 (NROL-61) y el 1 de marzo de 2017 (NROL-79). 
Por tanto, en el desarrollo de las nuevas tecnologías espaciales está en juego el mantenimiento de la supremacía de las grandes potencias en el sistema internacional. Y en esta lucha adquiere toda su vigencia la máxima de Friedman –declaración que empleamos reiteradamente- que dice que la próxima guerra se iniciará en el espacio, porque el primer movimiento de un eventual agresor será cegar los sistemas de comunicaciones, mando y control del adversario, antes incluso de que se haya llevado a cabo la primera misión de combate. Este es el objeto de la carrera espacial a la que asistimos en la actualidad.

"Desde que vi tus pies en el arroyo..."

«EL CONFLICTO DE UCRANIA Y EN PAPEL DE RUSIA EN PERSPECTIVA ESTRATÉGICA»

Este es el título del artículo que he publicado en el número más reciente de Panoramas de Seguridad y Defensa, publicación electrónica del Centro de Investigación y Estudios Estratégicos de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE) de Chile, y que en esta ocasión está dedicado al conflicto bélico que se está desarrollando en Ucrania desde principios de 2014. El número monográfico lleva por título “Ucrania: ¿un nuevo problema sin solución para el mundo?”, precisamente porque la implicación de las grandes potencias hizo que un conflicto civil interior se convirtiera en un conflicto internacional cuando Rusia intervino de forma decisiva para recuperar la península de Crimea, territorio que históricamente siempre fue ruso desde la conquista a los turcos por la emperatriz Catalina en 1774, y que desde la desintegración de la Unión Soviética albergaba las principales instalaciones de la Flota rusa del Mar Negro. Posteriormente, el conflicto se extendió a las regiones separatistas del Donbass y se ha prolongado en el tiempo por la persistencia de las grandes potencias en ganarse para su bando a una u otra de las partes implicadas en el conflicto separatistas: el Bloque Occidental apoyando al gobierno ucraniano postrevolucionario –recordemos la “frustrada” revolución del Maidan- y Rusia con una posición favorable a las autoproclamadas Repúblicas separatistas de Donestk y Lugansk. Las negociaciones y posteriores Acuerdos de Minsk han servido para impedir la extensión de un conflicto militar abierto, pero no han resuelto ni de lejos el problema, ya que la situación en Ucrania supone una amenaza para la paz y la seguridad internacionales. En realidad, ¿qué hizo el gobierno ruso el día que ocupó militarmente la península de Crimea y mediante un referéndum la anexionó al territorio de Rusia? Un acto de agresión de conformidad con la Resolución 3314 de la Asamblea General y, sobre todo, con el artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas. Y esto, hecho por un miembro permanente del Consejo de Seguridad; igual que ocurrió con la guerra de Serbia de 1999, para la que las potencias occidentales se ampararon en la deriva que hace la Carta hacia las Organizaciones Internacionales, en este caso usando la Alianza Atlántica, que asumen el papel que deberían tomar las propias Naciones Unidas para la defensa de la paz y la seguridad internacional. Esto no deja de ser legal pero sin duda es torticero. Las Naciones Unidas tienen una misión fundamental que nunca cumplen porque su Consejo de Seguridad, por el ejercicio del derecho de veto de sus miembros permanentes, paraliza sus actuaciones. La consecuencia fundamental es que, al no cumplir la función para la que fueron creadas, el régimen se transforma y permanece creándose un nuevo régimen implícito. Del régimen explícito de la Carta de 1945 se ha pasado a uno implícito que abarca cuestiones que ni se plantean en la Carta y abandona el fin principal pero sin que la estructura cambie sustancialmente porque es necesaria para que el fin principal continúe como el fin no alcanzado por deseado. Por supuesto, la responsabilidad de la situación en Ucrania –y de su eventual resolución- corresponde a las grandes potencias, bien reunidas en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas -el régimen explítico- o mediante acuerdos bilaterales de diriman de una vez las zonas de influencia en Europa Oriental -este el régimen implícito-. Por tanto, una consecuencia pasmosa es que se vuelve al sistema del equilibrio de poderes, como el que rigió en Europa de 1815 a 1914, una suerte de Santa Alianza pero sin ese nombre -sin nombre todavía realmente- y diferentes actores. Sistema garantizado por el principio estructural básico de la libertad, la igualdad y la soberanía de los Estados, a su vez pilar del nuevo régimen implícito. No podemos perder de vista que la intervención militar rusa en Crimea tiene como fundamento el antiguo principio de interés nacional -¡que había sido derogado precisamente por la Carta de las Naciones Unidas!- y que se impone por la fuerza de los hechos. Este es el contenido del artículo que proponemos en esta publicación y en el que al final de mismo planteamos varias soluciones para resolver el conflicto. Dejando de lado por imposible la normalización del régimen -no deseado por Rusia ni por la Alianza Alántica- ni la segunda opción, una situación de permanente conflicto, la tercera opción es viable desde una racionalización de la estructura existente: pérdida por parte de Ucrania de las provincias orientales y adquisición del estatuto de miembro de la Alianza Atlántica y de la Unión Europea. Todos se benefician, Alemania incluida  claro, y aunque Rusia tenga un vecino incómodo que pertenece a su contrincante global, al tratarse de un régimen, todas las partes deben cuidar de no saltarse las "líneas rojas" -de enfrentamiento nuclear- y obtener ventajas o pérdidas en otros lugares. ¿Y dónde queda la Organización de las Naciones Unidas? Pues está para procurar que nadie llegue jamás a las "líneas rojas" y a asentar el régimen implícito que sustituye ventajosamente al explícito con le plena conciencia y pleno convencimiento de que la estructura es elástica y fluida.

La referencia bibliográfica completa es: PÉREZ GIL, L.: “El conflicto de Ucrania y el papel de Rusia en perspectiva estratégica”, Panoramas de Seguridad y Defensa, agosto de 2017, disponible aquí
El texto completo del artículo se encuentra disponible aquí.

«RUSSIA MILITARY POWER» 2017

Este es el título del extenso documento de ciento dieciséis páginas que publicó el 28 de junio de 2017 la Agencia de Inteligencia de la Defensa de los Estados Unidos en el que se examinan las capacidades militares de Rusia en una –reconocida expresamente- reedición del famoso Soviet Military Power que se editó anualmente durante el período de la denominada “Segunda Guerra Fría”, esto es, en los años ochenta del siglo pasado bajo las instrucciones del Secretario de Defensa Caspar Weinberger (septiembre de 1981). En un contexto extraordinariamente diferente a aquel en cuanto al acceso a la información del oponente ruso, el nuevo Russia Military Power busca centrar y poner foco en el renovado poderío militar de Rusia en un documento dirigido a los políticos americanos, pero también a los dirigentes aliados y al público en general. Si en los años ochenta se llegaron a editar doscientos cincuenta mil ejemplares en ocho lenguas, hoy con la extraordinaria difusión que conceden internet a toda información que se “cuelga” en la red y que rápidamente se “viraliza” en las redes sociales, el impacto del presente documento puede ser enorme. Siempre y cuando, claro está, que no sea más que un recurso más de propaganda política internacional, como en gran medida lo fue el Soviet Military Power que acumulaba exageraciones desmedidas en determinadas capacidades militares de la Unión Soviética que, en realidad, nunca se dieron y que se basaban más en suposiciones que en informes de inteligencia contrastados. Actualmente nos encontramos inmersos en un período de creciente disensión entre dos socios estratégicos. Y esto es lo paradójico de la situación presente: el crecimiento de la tensión hacia un enfrentamiento convencional indirecto –en Ucrania oriental, Siria, el Cáucaso sur o Asia central- entre socios que mantienen grandes acuerdos para al mantenimiento del régimen de estabilidad estratégica: en el seno del Consejo de Seguridad, con la vigencia del Tratado START, el acuerdo sobre la desnuclearización de Irán o la prohibición de venta de armamentos ofensivos a China. De ahí la necesidad de una enorme aceleración de los rearmes alemán y japonés. Son Estados que reponderían a necesidades históricas y estratégicas de mantener equilibrios globales, más fácil en el caso japonés que en el alemán. Un mundo complejo, un multisistema de cindo poderres -el ideal de Kaplan o Rosecrance- mantendría la estabilidad durante todo el siglo XXI. En silencio, sin acceder al Consejo de Seguridad por no necesitarlo -pues como hemos dicho en otras ocasiones, el Consejo de Seguridad ha transformado a las Naciones Unidas en un régimen implícito casi perfecto-, Alemania y Japón son potencias imprescindibles en un mundo transformado. De este modo, un sistema con cinco poderes, equilibrado, daría lugar a un mundo más seguro. 
Sin embargo, en el documento se asevera que “en la próxima década, puede emerger una Rusia más segura de sí misma y más capaz. Los Estados Unidos tienen que anticipar, en lugar de reaccionar, a las acciones de Rusia y perseguir una mayor conciencia de los objetivos rusos y de las capacidades para prevenir posibles conflictos.” (p. V). Como ha sido una constante histórica: la mejor forma de combatir al adversario es conocerlo, por eso se realiza un análisis de la estrategia de seguridad nacional de Rusia, la doctrina militar y la política de empleo de armas nucleares, la estructura de fuerza y las capacidades militares, incluidas las fuerzas nucleares estratégicas, las infraestructuras militares, de mando y control y del sector aeroespacial, la guerra en el espacio y las operaciones cibernéticas. Por su énfasis destaca el apartado dedicado al “Mando y control militar nacional” (pp. 25-28) en el que se examina el proceso de adopción de decisiones que lleva a la autorización de empleo de las armas nucleares y los sistemas de control para materializar dicho empleo en los casos de ataque preventivo, contraataque o ataque de represalia, como se analiza más detalladamente a lo largo del documento.
Según se señala en la publicación en el sitio web de la Agencia de Inteligencia de Defensa, este es el primero de una serie de documentos no clasificados dedicados a los poderes militares que representan o pueden representar una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos: Rusia, China, Corea del Norte, Irán y el terrorismo internacional, y el siguiente estará dedicado al poderío militar de China. Formalmente, el documento se compone de un prefacio, firmado por el Director de la Agencia de Inteligencia de los Estados Unidos, el general del Cuerpo de Infantería de Marina Vicent Stewart, y cinco capítulos principales que se estructuran en uno o varios subepígrafes: Introducción/Panorama Histórico (pp. 9-13), Panorama Militar Nacional ruso (pp. 14-21), Estrategia y Doctrina Militar (pp. 22-28), Capacidades militares principales rusas (pp. 29-45) y Perspectiva: Una Fuerza modernizada (46-86). Además, el documento contiene 661 notas al final con referencias documentales e informativas sobre los diferentes aspectos tratados en el texto principal del documento. 
La publicación de la noticia en el sitio web de la Agencia de Inteligencia de Defensa se puede consultar aquí
La referencia completa del documento es: Russia Military Power. Building a military to support Great Power aspirations. Defense Intelligence Agency. Washington, 2017. El documento completo se encuentra disponible aquí.

"Aquí, en esta orilla, del lecho donde duermes..."

DESPLIEGUE AVANZADO DE LAS TROPAS DE COHETES ESTRATÉGICOS DE RUSIA

Las Fuerzas Coheteriles Estratégicas (RVSN) realizan en junio de 2017 ejercicios de despliegue avanzado de sus unidades de cohetes sobre plataformas móviles. En estos ejercicios están implicadas las divisiones de cohetes estratégicos estacionadas en las provincias de Tver, Novosibirsk, Irkutsk e Ivánovo, según informaciones divulgadas por el Ministerio de Defensa de Rusia, y en concreto participan diez regimientos con unos noventa cohetes en total -92º, 235º, 285º, 382º y 428º Regimientos de Cohetes Estratégicos de la Guardia y 168º, 308º, 321º, 773º y 804º Regimientos de Cohetes Estratégicos-. Las fuerzas dotadas con cohetes estratégicos Topol-M y RS-24 Yars móviles –equipados con una ojiva de 800 kilotones y cuatro ojivas MIRV de 100 kilotones respectivamente- se despliegan más allá de sus bases con todos los equipos asociados, realizan maniobras de protección activa, se camuflan y se protegen frente a ataques aéreos e incursiones de sabotaje de fuerzas de operaciones especiales adversarias y, como culminación del entrenamiento, llevan a cabo uno o varios lanzamientos de cohetes estratégicos que portan cabezas inertes. Estas fuerzas son altamente disuasivas puesto que en el caso de que surja una amenaza de guerra a gran escala, se desplegarán muy lejos de sus bases permanentes haciendo extremadamente complicada su detección y localización por los satélites espaciales del adversario y, por tanto, serán invulnerables a un eventual ataque de contrafuerza. Debido al número de cohetes y unidades implicadas se trata de una demostración de fuerza, según han sugerido varios analistas; en concreto, Andrei Kotz dice que “no se excluye la posibilidad de que estos entrenamientos representen una respuesta de Rusia a la movilización de fuerzas de disuasión nuclear de los Estados Unidos cerca de las fronteras occidentales del país eslavo” (declaraciones en Sputnik, 14 de junio de 2017). Esto es así porque durante la segunda semana de junio bombarderos estratégicos B-52H y B-1B americanos sobrevolaron el Mar Báltico durante la realización de ejercicios navales de la Alianza Atlántica que se han desarrollado en las mismas fronteras de Rusia. A su vez estos vuelos fueron interceptados y seguidos al menos en dos ocasiones por aviones de combate Su-27 de las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia (VKS). Y en dos ocasiones también sendas parejas de bombarderos Tu-160 de la Aviación de Largo Alcance volaron hasta espacio aéreo del Atlántico norte desde sus bases en el sur de Rusia. Esto sirvió de excusa para que, una vez más, el gobierno polaco, por boca de su presidente Andrej Duda anunciara el 12 de junio de 2017 que estaba dispuesto a discutir con la Administración Trump el aumento de la presencia militar aliada en Polonia (declaraciones recogidas en ibídem). Como respuesta, el vicepresidente de la Comisión de Defensa de la Duma (parlamento federal ruso), Yuri Shvitkin, manifestó que “hemos declarado en repetidas ocasiones que no vamos a dejar sin atención el reforzamiento del contingente de la OTAN y el de otros países que están forjando planes bajo el pretexto de defensa. Está claro que se tomarán medidas de respuesta.” (ibídem). Esta situación responde a la nueva dinámica creada a raíz del conflicto ucraniano, la anexión de Crimea a Rusia y la eventual implicación de este país en los movimientos secesionistas de las provincias prorrusas del este de Ucrania. Pero, como hemos dicho en varias ocasiones, este proceder de la Alianza Atlántica, encabezada por los Estados Unidos, supone una vulneración del gran acuerdo con la Unión Soviética de Gorbachov que permitió la reunificación de Alemania y la liberación de los países de Europa Central y Oriental en 1990 y la creación de la Unión Europea en 1993. En ese acuerdo fundacional para una Europa Unida se encontraba el compromiso occidental de no extender las organizaciones militares propias hasta las fronteras de Rusia, lo que se institucionalizó en el Acta Fundacional de las Relaciones OTAN-Rusia de mayo de 1997 con una declaración adicional en la que se establecía que este acuerdo estratégico “no puede en modo alguno menoscabar la eficacia política y militar de la Alianza, incluida su capacidad para cumplir su compromiso de seguridad con los miembros actuales y futuros”. Precisamente a lo que se agarran ahora los responsables de la política exterior americana, los dirigentes europeos, los líderes atlantistas y de la Unión Europea, que proclaman la agresividad de Rusia y la necesidad de tomar medidas disuasivas para “fortalecer” la defensa común. El problema radica en que los nuevos dirigentes de la Administración Trump se crean moral e intelectualmente superiores a los toscos dirigentes rusos y calculen mal dejándose arrastrar por la irracionalidad del torpe -pensamos en los acontecimientos recientes en Siria que han llevado a Rusia a suspender el protocolo con los Estados Unidos y otros miembros de la coalición internacional para evitar incidentes aéreos vigente desde octubre de 2015-. Las consecuencias serán catastróficas para toda la humanidad pues, como recordaba recientemente el Presidente Putin, en un hipotético enfrentamiento nuclear entre los Estados Unidos y Rusia “nadie sobreviviría” (declaracionesrecogidas en Sputnik, 7 de junio de 2017)

HACIA UN SISTEMA RUSO DE GUERRA ESPACIAL


El pasado 25 de mayo de 2017 las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia lanzaron un cohete portador Soyuz 2.1b desde el cosmódromo de Plesetsk en el norte de la Rusia europea con la misión de poner en órbita un nuevo satélite militar Tundra del sistema de alerta temprana EKS, que ha sido denominado Kosmos-2518. Los dos satélites en órbita del sistema EKS –el primer aparato Tundra, Kosmos 2510, está en órbita desde noviembre de 2015- son los únicos satélites de alerta temprana actualmente en servicio, ya que el sistema anterior US-KS/KMO concluyó su vida operativa en 2014. El nuevo sistema contará con una constelación de satélites de órbita altamente elíptica tipo Molniya y satélites geoestacionarios, lo que requerirá al menos diez nuevos lanzamientos hasta 2020. Precisamente en estos días se ha conocido que tres pequeños satélites que Rusia había puesto en órbita en 2013 y 2015 han comenzado a maniobrar después de estar inactivos durante este tiempo. Los satélites, denominados Kosmos-2491, Kosmos-2499 y Kosmos-2504, empezaron a moverse y realizaron maniobras de aproximación a otros satélites situados en órbita fuera de servicio y a pedazos de basura espacial. Según fuentes especializadas, estas capacidades ponen de manifiesto que se trata de satélites experimentales construidos para aproximarse a otros ingenios espaciales y examinarlos, pero precisamente, lo que llama la atención es que ni las autoridades rusas ni Roscosmos han detallado sus funciones o las misiones en las que participan, y en algún caso ni siquiera declararon el lanzamiento del satélite, lo que se sale de todos los estándares en materia de política espacial. Según el Instituto de Física y Tecnología de Moscú el Kosmos-2499 sería un satélite diseñado para probar los novedosos motores de plasma SPT, lo que parece no ajustarse a lo observado este mes, y en el caso del Kosmos-2504 puesto en órbita en 2015, las autoridades rusas anunciaron que el cohete portador que despegó de Plesetsk llevaba tres satélites de comunicaciones Gonets, pero no hicieron ninguna mención al primero. Sin embargo, el hecho de que puedan permanecer inactivos en el espacio durante largos períodos de tiempo y luego puedan activarse y moverse con libertad lleva a los analistas occidentales a considerar que pueden tratarse de aparatos experimentales, diseñados para perseguir e inutilizar a otros satélites en caso de conflicto. Y esto es más preocupante en un contexto en el que Rusia y China dan pasos importantes para colaborar en la carrera espacial. Tal es así que pocos días antes de estos acontecimientos que relatamos, el Presidente Putin explicó en una rueda de prensa con el Presidente Xi Jinping que “China y Rusia cooperan en el sector espacial desde hace tiempo y tenemos todas las posibilidades para intensificar esta cooperación, incluidos el suministro de motores cohete de fabricación rusa a China”. Se trata, precisamente, de los mismos cohetes que se entregan a los Estados Unidos a pesar de la vigencia del mecanismo de sanciones aprobadas por las autoridades americanas por la implicación de Rusia en el conflicto de Ucrania. Como anotamos en una entrada anterior del blog de junio de 2016 titulada ESTADOS UNIDOS AVANZA EN LA MILITARIZACION DEL ESPACIO, los Estados Unidos continúan manteniendo la dependencia de los motores rusos RD-180 construidos por Energomash, perteneciente a Roscosmos, para propulsar los cohetes espaciales Atlas V que se emplean para poner en órbita los satélites miliares de las Fuerzas Armadas y de la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO), así como también del avión espacial no tripulado X-37B –avión que acaba de regresar del espacio el 7 de mayo de 2017 de su cuarta misión secreta y que ha tenido una duración de setecientos diecisiete días-. Sin embargo, el 3 de mayo de 2017 la NRO puso en órbita un satélite de reconocimiento NROL-76 con un cohete Falcón 9 y en la próxima misión OTV-5 del programa X-37B se empleará el mismo cohete propulsor de la empresa Space X. Pues bien, esta aproximación chino-rusa en materia espacial genera, de nuevo, preocupación en Washington, y responsables políticos y militares de los Estados Unidos no dudan en afirmar que ambos países desarrollan sistemas antisatélite dirigidos contra los Estados Unidos. Así, en noviembre de 2016 altos mandos militares declararon que Rusia y China disponen de armas de la era espacial con capacidad para eliminar los sistemas satelitales americanos situados en órbita. En concreto, el Director de Inteligencia Nacional, Dan Coats, ha dicho: “estimamos que Rusia y China perciben la necesidad de contrarrestar cualquier ventaja militar de Estados Unidos derivada de los sistemas especiales comerciales, militares y civiles, y están considerando, cada vez más, ataques contra los sistemas espaciales como parte de su doctrina de guerras futuras.” Por tanto, traemos de nuevo las palabras de Friedman (en Los próximos cien años, 2010) cuando escribió que las guerras del futuro se librarán en el espacio porque los adversarios buscarán destruirse mutuamente los sistemas espaciales que les permiten observar y seleccionar los objetivos y neutralizar los satélites de navegación y comunicaciones para impedir el empleo de los sistemas de armas de precisión lanzables desde aviones tripulados y no tripulados. En consecuencia, la destrucción de los satélites enemigos se convertirá en un objetivo esencial de las guerras entre grandes potencias. Se cumple, por tanto, el principio general que enunciamos de que si alguna potencia consigue poner armas en el espacio, también habrá armas de respuesta.