DESPLIEGUE AVANZADO DE LAS TROPAS DE COHETES ESTRATÉGICOS DE RUSIA

Las Fuerzas Coheteriles Estratégicas (RVSN) realizan en junio de 2017 ejercicios de despliegue avanzado de sus unidades de cohetes sobre plataformas móviles. En estos ejercicios están implicadas las divisiones de cohetes estratégicos estacionadas en las provincias de Tver, Novosibirsk, Irkutsk e Ivánovo, según informaciones divulgadas por el Ministerio de Defensa de Rusia, y en concreto participan diez regimientos con unos noventa cohetes en total -92º, 235º, 285º, 382º y 428º Regimientos de Cohetes Estratégicos de la Guardia y 168º, 308º, 321º, 773º y 804º Regimientos de Cohetes Estratégicos-. Las fuerzas dotadas con cohetes estratégicos Topol-M y RS-24 Yars móviles –equipados con una ojiva de 800 kilotones y cuatro ojivas MIRV de 100 kilotones respectivamente- se despliegan más allá de sus bases con todos los equipos asociados, realizan maniobras de protección activa, se camuflan y se protegen frente a ataques aéreos e incursiones de sabotaje de fuerzas de operaciones especiales adversarias y, como culminación del entrenamiento, llevan a cabo uno o varios lanzamientos de cohetes estratégicos que portan cabezas inertes. Estas fuerzas son altamente disuasivas puesto que en el caso de que surja una amenaza de guerra a gran escala, se desplegarán muy lejos de sus bases permanentes haciendo extremadamente complicada su detección y localización por los satélites espaciales del adversario y, por tanto, serán invulnerables a un eventual ataque de contrafuerza. Debido al número de cohetes y unidades implicadas se trata de una demostración de fuerza, según han sugerido varios analistas; en concreto, Andrei Kotz dice que “no se excluye la posibilidad de que estos entrenamientos representen una respuesta de Rusia a la movilización de fuerzas de disuasión nuclear de los Estados Unidos cerca de las fronteras occidentales del país eslavo” (declaraciones en Sputnik, 14 de junio de 2017). Esto es así porque durante la segunda semana de junio bombarderos estratégicos B-52H y B-1B americanos sobrevolaron el Mar Báltico durante la realización de ejercicios navales de la Alianza Atlántica que se han desarrollado en las mismas fronteras de Rusia. A su vez estos vuelos fueron interceptados y seguidos al menos en dos ocasiones por aviones de combate Su-27 de las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia (VKS). Y en dos ocasiones también sendas parejas de bombarderos Tu-160 de la Aviación de Largo Alcance volaron hasta espacio aéreo del Atlántico norte desde sus bases en el sur de Rusia. Esto sirvió de excusa para que, una vez más, el gobierno polaco, por boca de su presidente Andrej Duda anunciara el 12 de junio de 2017 que estaba dispuesto a discutir con la Administración Trump el aumento de la presencia militar aliada en Polonia (declaraciones recogidas en ibídem). Como respuesta, el vicepresidente de la Comisión de Defensa de la Duma (parlamento federal ruso), Yuri Shvitkin, manifestó que “hemos declarado en repetidas ocasiones que no vamos a dejar sin atención el reforzamiento del contingente de la OTAN y el de otros países que están forjando planes bajo el pretexto de defensa. Está claro que se tomarán medidas de respuesta.” (ibídem). Esta situación responde a la nueva dinámica creada a raíz del conflicto ucraniano, la anexión de Crimea a Rusia y la eventual implicación de este país en los movimientos secesionistas de las provincias prorrusas del este de Ucrania. Pero, como hemos dicho en varias ocasiones, este proceder de la Alianza Atlántica, encabezada por los Estados Unidos, supone una vulneración del gran acuerdo con la Unión Soviética de Gorbachov que permitió la reunificación de Alemania y la liberación de los países de Europa Central y Oriental en 1990 y la creación de la Unión Europea en 1993. En ese acuerdo fundacional para una Europa Unida se encontraba el compromiso occidental de no extender las organizaciones militares propias hasta las fronteras de Rusia, lo que se institucionalizó en el Acta Fundacional de las Relaciones OTAN-Rusia de mayo de 1997 con una declaración adicional en la que se establecía que este acuerdo estratégico “no puede en modo alguno menoscabar la eficacia política y militar de la Alianza, incluida su capacidad para cumplir su compromiso de seguridad con los miembros actuales y futuros”. Precisamente a lo que se agarran ahora los responsables de la política exterior americana, los dirigentes europeos, los líderes atlantistas y de la Unión Europea, que proclaman la agresividad de Rusia y la necesidad de tomar medidas disuasivas para “fortalecer” la defensa común. El problema radica en que los nuevos dirigentes de la Administración Trump se crean moral e intelectualmente superiores a los toscos dirigentes rusos y calculen mal dejándose arrastrar por la irracionalidad del torpe -pensamos en los acontecimientos recientes en Siria que han llevado a Rusia a suspender el protocolo con los Estados Unidos y otros miembros de la coalición internacional para evitar incidentes aéreos vigente desde octubre de 2015-. Las consecuencias serán catastróficas para toda la humanidad pues, como recordaba recientemente el Presidente Putin, en un hipotético enfrentamiento nuclear entre los Estados Unidos y Rusia “nadie sobreviviría” (declaracionesrecogidas en Sputnik, 7 de junio de 2017)

HACIA UN SISTEMA RUSO DE GUERRA ESPACIAL


El pasado 25 de mayo de 2017 las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia lanzaron un cohete portador Soyuz 2.1b desde el cosmódromo de Plesetsk en el norte de la Rusia europea con la misión de poner en órbita un nuevo satélite militar Tundra del sistema de alerta temprana EKS, que ha sido denominado Kosmos-2518. Los dos satélites en órbita del sistema EKS –el primer aparato Tundra, Kosmos 2510, está en órbita desde noviembre de 2015- son los únicos satélites de alerta temprana actualmente en servicio, ya que el sistema anterior US-KS/KMO concluyó su vida operativa en 2014. El nuevo sistema contará con una constelación de satélites de órbita altamente elíptica tipo Molniya y satélites geoestacionarios, lo que requerirá al menos diez nuevos lanzamientos hasta 2020. Precisamente en estos días se ha conocido que tres pequeños satélites que Rusia había puesto en órbita en 2013 y 2015 han comenzado a maniobrar después de estar inactivos durante este tiempo. Los satélites, denominados Kosmos-2491, Kosmos-2499 y Kosmos-2504, empezaron a moverse y realizaron maniobras de aproximación a otros satélites situados en órbita fuera de servicio y a pedazos de basura espacial. Según fuentes especializadas, estas capacidades ponen de manifiesto que se trata de satélites experimentales construidos para aproximarse a otros ingenios espaciales y examinarlos, pero precisamente, lo que llama la atención es que ni las autoridades rusas ni Roscosmos han detallado sus funciones o las misiones en las que participan, y en algún caso ni siquiera declararon el lanzamiento del satélite, lo que se sale de todos los estándares en materia de política espacial. Según el Instituto de Física y Tecnología de Moscú el Kosmos-2499 sería un satélite diseñado para probar los novedosos motores de plasma SPT, lo que parece no ajustarse a lo observado este mes, y en el caso del Kosmos-2504 puesto en órbita en 2015, las autoridades rusas anunciaron que el cohete portador que despegó de Plesetsk llevaba tres satélites de comunicaciones Gonets, pero no hicieron ninguna mención al primero. Sin embargo, el hecho de que puedan permanecer inactivos en el espacio durante largos períodos de tiempo y luego puedan activarse y moverse con libertad lleva a los analistas occidentales a considerar que pueden tratarse de aparatos experimentales, diseñados para perseguir e inutilizar a otros satélites en caso de conflicto. Y esto es más preocupante en un contexto en el que Rusia y China dan pasos importantes para colaborar en la carrera espacial. Tal es así que pocos días antes de estos acontecimientos que relatamos, el Presidente Putin explicó en una rueda de prensa con el Presidente Xi Jinping que “China y Rusia cooperan en el sector espacial desde hace tiempo y tenemos todas las posibilidades para intensificar esta cooperación, incluidos el suministro de motores cohete de fabricación rusa a China”. Se trata, precisamente, de los mismos cohetes que se entregan a los Estados Unidos a pesar de la vigencia del mecanismo de sanciones aprobadas por las autoridades americanas por la implicación de Rusia en el conflicto de Ucrania. Como anotamos en una entrada anterior del blog de junio de 2016 titulada ESTADOS UNIDOS AVANZA EN LA MILITARIZACION DEL ESPACIO, los Estados Unidos continúan manteniendo la dependencia de los motores rusos RD-180 construidos por Energomash, perteneciente a Roscosmos, para propulsar los cohetes espaciales Atlas V que se emplean para poner en órbita los satélites miliares de las Fuerzas Armadas y de la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO), así como también del avión espacial no tripulado X-37B –avión que acaba de regresar del espacio el 7 de mayo de 2017 de su cuarta misión secreta y que ha tenido una duración de setecientos diecisiete días-. Sin embargo, el 3 de mayo de 2017 la NRO puso en órbita un satélite de reconocimiento NROL-76 con un cohete Falcón 9 y en la próxima misión OTV-5 del programa X-37B se empleará el mismo cohete propulsor de la empresa Space X. Pues bien, esta aproximación chino-rusa en materia espacial genera, de nuevo, preocupación en Washington, y responsables políticos y militares de los Estados Unidos no dudan en afirmar que ambos países desarrollan sistemas antisatélite dirigidos contra los Estados Unidos. Así, en noviembre de 2016 altos mandos militares declararon que Rusia y China disponen de armas de la era espacial con capacidad para eliminar los sistemas satelitales americanos situados en órbita. En concreto, el Director de Inteligencia Nacional, Dan Coats, ha dicho: “estimamos que Rusia y China perciben la necesidad de contrarrestar cualquier ventaja militar de Estados Unidos derivada de los sistemas especiales comerciales, militares y civiles, y están considerando, cada vez más, ataques contra los sistemas espaciales como parte de su doctrina de guerras futuras.” Por tanto, traemos de nuevo las palabras de Friedman (en Los próximos cien años, 2010) cuando escribió que las guerras del futuro se librarán en el espacio porque los adversarios buscarán destruirse mutuamente los sistemas espaciales que les permiten observar y seleccionar los objetivos y neutralizar los satélites de navegación y comunicaciones para impedir el empleo de los sistemas de armas de precisión lanzables desde aviones tripulados y no tripulados. En consecuencia, la destrucción de los satélites enemigos se convertirá en un objetivo esencial de las guerras entre grandes potencias. Se cumple, por tanto, el principio general que enunciamos de que si alguna potencia consigue poner armas en el espacio, también habrá armas de respuesta.

REVISIÓN DE CAPACIDADES NUCLEARES ESTRATÉGICAS DE LOS ESTADOS UNIDOS Y COREA DEL NORTE

En la entrada anterior titulada Empezar a ganar guerras de febrero de 2017 hacíamos referencia a las primeras iniciativas del Presidente Trump en materia de defensa, en concreto en lo que se refiere al incremento del presupuesto militar y al reforzamiento de las capacidades nucleares estratégicas, basadas en el convencimiento de que la seguridad nacional de los Estados Unidos descansa en la sostenibilidad de la disuasión nuclear. De entrada implica que se continuará con los programas de modernización de la tríada nuclear iniciados por la Administración Obama: nuevos ICBM y SLBM, nuevos submarinos nucleares portamisiles y el nuevo bombardero estratégico B-21. Como primer paso en la revisión de la política nuclear de los Estados Unidos, el Secretario de Defensa James Mattis ha ordenado la elaboración de un informe sobre el estado y las capacidades de las fuerzas nucleares que responda a los requerimientos formulados por el Presidente Trump desde su toma de posesión entre los que se incluía realizar un análisis del arsenal nuclear “con el fin de que sus capacidades de disuasión nuclear sean modernas, potentes y móviles”, se encuentren plenamente operativas, que puedan responder a las amenazas a la seguridad del país y sean capaces de “defender a nuestros aliados”. Estas declaraciones adquieren de semana a semana mayor relevancia política conforme se acrecienta la inestabilidad estratégica en la península de Corea, donde dos aliados clave de los Estados Unidos en el sistema de seguridad regional, como son Corea del Sur y Japón, se encuentran sometidos permanentemente a la amenaza de un ataque inesperado y suicida por parte del régimen de Pyongyang. Como ha enfatizado el Presidente Trump en varias ocasiones, los Estados Unidos pueden decidir en cualquier momento resolver de una vez y para siempre el contencioso coreano. Y lo harán mediante la aplicación de la abrumadora fuerza militar de la que son capaces como han demostrado desde el final de la Guerra Fría en los enfrentamientos directos en los que han participado. Pero bien entendido que en el caso de Corea del Norte el uso de la fuerza militar decisiva se hará después de alcanzar un acuerdo con las otras dos grandes potencias que tienen fronteras con Corea del Norte y que a su vez han sido en el pasado, en el caso de Rusia, y sigue siendo en la actualidad, en el caso de China, valedoras del régimen de Pyongyang. Y este acuerdo se formalizará en el seno del Consejo de Seguridad, del que forman parte todas las grandes potencias poseedoras de armas nucleares y con derecho de veto, y que conforme a la Carta está investido de los poderes para garantizar “la paz y la seguridad internacionales”.

“NO SE HAGAN ILUSIONES”

En una comparecencia en el parlamento alemán el día 27 de abril de 2017 la Canciller Angela Merkel advirtió que Alemania negociará sin contemplaciones la retirada del Reino Unido de la Unión Europa, que este proceso será complejo y que se impondrán condiciones y que el resultado final será la consideración del Reino Unido como un Estado tercero para la Unión Europea. “Lo que significa que perderá todos sus derechos y privilegios”, en palabras de la canciller. Desde el anuncio del resultado del referéndum británico y la decisión del gobierno del Primer Ministro David Cameron primero, y de Theresa May después, de sacar adelante la retirada del Reino Unido de la Unión, la Canciller Merkel ha asumido personalmente la defensa de los intereses comunitarios que, evidentemente, son cada vez más alemanes, porque el presidente Hollande ha conseguido reducir a Francia a la indigencia política en este proceso. Pero esto no es nada nuevo. Como hemos venido afirmando al menos desde 2009 en diferentes escritos –y en el blog desde 2010- los dirigentes políticos alemanes han aprovechado la oportunidad que les presentó la crisis económica y financiera y la supuesta ruptura del euro anunciada por los más conspicuos economistas anglosajones para avanzar en la Unión Política Europea. Resulta llamativa la determinación de la clase política alemana de proteger a la Unión –así Almut Möller en el número de Política Exterior de marzo/abril de 2017-. En este período, el Reino Unido fue perdiendo protagonismo en la adopción de decisiones, porque las grandes decisiones se tomaban en el marco del Eurogrupo del que no formaba parte, y paralelamente Francia fue reduciendo su protagonismo político de la mano de una cada vez más disminuida presidencia de Hollande. La puntilla la dio el nefasto Primer Ministro Cameron cuando asumió el resultado de un referéndum disparatado y que supone la expulsión del Reino Unido del sistema político continental. Y ante ambos se encumbra, de nuevo, Alemania como potencia dirigente del sistema europeo, quebrándose la regla fundamental de la política exterior británica desde Canning: evitar que surja un poder fuerte en el continente. Por eso la Canciller Merkel puede afirmar que los Estados miembros de la Unión Europea mantendrán una postura conjunta durante el proceso de negociación con el Reino Unido que servirá para fijar las condiciones de la salida del sistema comunitario. De nuevo, el Consejo Europeo de 29 de abril de 2017 recoge el consenso comunitario anunciado por la canciller en el Bundestag.

ARSENALES NUCLEARES DE LAS GRANDES POTENCIAS A 1 DE MARZO DE 2017

El Departamento de Estado americano ha publicado los datos numéricos de los arsenales nucleares estratégicos de las dos grandes potencias a 1 de marzo de 2017 conforme a las cláusulas de información contenidas en el Tratado de Armas Estratégicas (START) firmado en Praga el 10  de abril de 2010. Conforme a los nuevos datos los Estados Unidos disponen de 1.411 ojivas nucleares, 820 vectores de lanzamiento entre misiles basados en tierra (ICBM), misiles lanzables desde submarinos (SLBM) y bombarderos estratégicos y 673 sistemas desplegados. Las cifras en el período de referencia anterior –septiembre de 2016- eran de 1.367 armas nucleares, 848 y 681 lanzadores totales y disponibles respectivamente. Por su parte, Rusia dispone de 1.765 ojivas nucleares, 816 sistemas de lanzamiento de los cuales 523 se hallan desplegados en la actualidad. Para el período anterior eran 1.796, 847 y 508 respectivamente. En términos porcentuales los Estados Unidos han incrementados sus ojivas nucleares un 3,21% mientras que Rusia las ha reducido en el mismo período un 1,72%; ambas potencias han reducidos los sistemas de lanzamiento un 3,30% y un 3,66% respectivamente, mientras que los Estados Unidos han reducido un 1,17% los vectores desplegados, y por su parte Rusia los ha incrementado casi un 3%, en concreto 2,96%. Respecto a los límites que establece el propio Tratado START que se deben alcanzar al final del séptimo año de la entrada en vigor –que tuvo lugar el 5 de febrero de 2011-, y que son 1.550 ojivas nucleares, 800 sistemas de lanzamiento y 700 sistemas desplegados, los Estados Unidos están muy por debajo en el número de ojivas operativas (-139) y en sistemas desplegados (27), pero superan en 20 vectores de lanzamiento el límite establecido. En su caso, las Fuerzas Nucleares Estratégicas de Rusia acumulan mayores incumplimientos: 215 ojivas nucleares y 16 vectores de lanzamiento más que los permitidos, aunque está muy por debajo en lo que toca a los sistemas desplegados que autoriza el Tratado START (-177). Como indicamos más arriba, a ambas potencias les queda escasamente un año (febrero de 2018) para alcanzar los límites establecidos. Sin embargo, esto no será problema para ninguna de las dos que se encuentran inmersas en costosos programas de modernización de los diferentes componentes de las Fuerzas Nucleares Estratégicas, de los que hemos ido dado cuenta periódicamente -en Estados Unidos los programas prioritarios son el nuevo submarino nuclear portamisiles SSBN-X, el misil estratégico conjunto de la Fuerza Aérea y la Armada y el nuevo bombardero estratégico B-21 Raider; en el caso de Rusia, la construcción y entrada en servicio de los submarinos portamisiles de la clase Borei y el SLBM Bulavá, el desarrollo del cohete estratégico pesado Sarmat para las RVSN y los bombarderos estratégicos T-160M2 y, a más largo plazo, el PAK-DA-. En el cumplimiento estricto del Tratado START III se verifica la concertación cerrada que existe entre las dos grandes potencias en el mantenimiento del régimen de estabilidad hegemónica que les beneficia mutuamente.
Véanse al respecto los datos actualizados que aportan Hans Kristensen y Robert Norris en "United States Nuclear Forces 2017", Bulletin of the Atomics Scientists 1, 2017, pp. 48-57, y "Russian Nuclear Forces 2017", Bulletin of the Atomic Scientists núm. 2, 2017, pp. 115-126.

EL GOBIERNO BRITÁNICO INICIA LA RETIRADA DE LA UNIÓN EUROPEA

El gobierno de Su Majestad anunció que el día 29 de marzo de 2017 iniciará las negociaciones para la retirada de la Unión Europea. En concreto, el representante permanente del Reino Unido ante la Unión Europea, Timothy Barrow, notificó el día 20 de marzo de 2017 al Presidente del Consejo Europeo la intención de su gobierno de invocar el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea (TUE); según sus palabras “este anuncio cumple el compromiso del Reino Unido de activar el artículo 50 a finales de marzo de 2017”. Por su parte, el Ministro responsable del proceso de retirada, David Davis, recordó que el pueblo británico había adoptado en referéndum la “decisión histórica” de abandonar la Unión Europea y que su gobierno se encuentra ahora “en el umbral de la negociación más importante para este país en una generación”. Aunque debería haber afirmado que su gobierno se enfrentaba al mayor error en política exterior cometido en generaciones -de irresponsabilidad histórica se ha calificado la decisión del Primer Ministro Cameron de convocar el referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea. Y ahora dice: “El gobierno es claro con sus objetivos: un acuerdo que funcione para cada país y región de Reino Unido y que, de hecho, funcione para toda Europa; una nueva alianza positiva entre Reino Unido y nuestros amigos y aliados de la Unión Europea”. Como decíamos en la entrada publicada en el blog con ocasión del resultado del referéndum en junio de 2016, titulada LA ESPERADA SALIDA DEL REINO UNIDO DE LA UNIÓN EUROPEA, este resultado no debería haber sorprendido a nadie, más bien se trataba de un resultado esperado, y deseable para que el proyecto de Unión Política Europea pueda seguir avanzando en integración política, en política exterior y en seguridad y defensa. Porque, qué lejos se encuentra el Reino Unido de aquel liderazgo político-militar que les llevó a imponer un auténtico régimen de estabilidad hegemónica en el sistema mundial conocido como la Pax Britannica; o qué lejos del liderazgo político y moral que llevó a resistir en solitario la agresión alemana después de la derrota de Francia en junio de 1940. Ahora, una ridícula Primera Ministra Theresa May -no basta más que recordar las palabras pronunciadas en el discurso en Lancaster House el 17 de enero de 2017 enfatizando que "nos vamos de la Unión Europea pero no nos vamos de Europa"-, sustituta de contingencia del nefasto Primer Ministro David Cameron –el político más desastroso que ha tenido Gran Bretaña en décadas- comparece públicamente tratando de ocultar la increíble debilidad de su país, que les ha llevado en la última década, primero, en plena crisis económica a perder cualquier tipo de protagonismo en el sistema europeo de Estados, donde fue excluido sistemáticamente de las decisiones políticas que implicaban cambios estratégicos en el continente –período que a su vez ha sido ejemplarmente aprovechado por Alemania-, y, segundo, a conseguir ser expulsada de la Unión Europea, y ha hacerlo a petición propia. Esto es así porque Londres carecía de los recursos e influencia para presionar a otros socios en la petición de medidas de excepción y derechos de veto en asuntos en los que ya nadie le pedía opinión. En ese momento es cuando realmente se abrió el debate sobre si el Reino Unido debía seguir formando parte de la Unión Europea. De este modo, conocido el resultado del referéndum el 24 de junio de 2016, los dirigentes políticos europeos se apresuraron a pedir al gobierno británico que no demorara el inicio de las negociaciones para la salida del Reino Unido de la Unión Europea, precisamente en un período en el que se están produciendo cambios político-estratégicos complejos en el continente con el regreso de de Rusia y Alemania a su condición de grandes potencias del sistema europeo. Sin duda, el Primer Ministro Churchill se desplomaría ante el desastre político que han provocado los continuadores del Primer Ministro Tony Blair al frente del gobierno de Su Majestad. Como decíamos en la entrada de junio de 2016: el Reino Unido ha dejado de existir como actor político relevante del sistema europeo de Estados.  

"EMPEZAR A GANAR GUERRAS"

Esta es la frase que pronunció el Presidente Trump en su intervención en una conferencia con gobernadores celebrada el 27 de febrero de 2017, precisamente un día antes de la intervención solemne del nuevo presidente ante las dos Cámaras del Congreso en sesión conjunta. Con ello, enfatizaba una de las propuestas fundamentales de la nueva Administración: el incremento del gasto público, que se destinará a la mejora de las infraestructuras nacionales –pilar básico para recuperar la competitividad de la economía nacional- y la defensa. En concreto, el incremento en el presupuesto de defensa se cifra en un 9%, aproximadamente unos 54.000 millones de dólares. Y entre las primera declaraciones del Presidente Trump en materia de defensa está la de reforzar las fuerzas de ataque nuclear, con lo que se confirma la continuidad de los tres grandes programas que afectan a la Fuerza de Disuasión Estratégica aprobados por la Administración anterior: el nuevo misil conjunto de la Fuerza Aérea y la Armada –que sustituirá a los misiles actuales Minuteman III y Trident D5 respectivamente-, el programa del submarino lanzamisiles de quinta generación SSBN-X y el nuevo bombardero estratégico B-21 Raider para la Fuerza Aérea. El objetivo de la revisión del presupuesto de defensa es “poner a Estados Unidos primero”, esto es, continuar manteniendo la brecha tecnológica militar que les separa de la siguiente potencia del sistema internacional. Y para ello se potenciarán los programas y sistemas que apliquen tecnologías disruptivas, es decir, que impongan avances decisivos comunicaciones y vigilancia espacial, en armas hipersónicas y de precisión y en ciberdefensa y ciberseguridad. Lo que evidentemente está mucho más allá de las declaraciones de algunos funcionarios respecto a simplemente más dinero para barcos, aviones militares y una presencia más fuerte en los estrechos marítimos clave relacionados con la estratégica de denegación de acceso que previsiblemente impulsa China y también Rusia.

Sobre las posiciones programáticas preliminares del nuevo presidente de los Estados Unidos en materia de seguridad y defensa y la relación con los principales aliados y los adversarios potenciales, véanse a los siguientes autores en el número más reciente de la revista Política Exterior (175, 2017) Benedicto, M.A.: «Pasos de gigante en la defensa europea», pp. 106-115; Bregolat, E.: «Carta de China: vivir en tiempos interesantes», pp. 22- 28; Shapiro, J. «Carta de Europa: una oferta que no podrán rechazar», pp. 16-21; Ojeda, J.: «Carta de América: A las puertas del poder», pp. 8-14.