LA DESQUICIANTE POSICIÓN DE FRANCIA RESPECTO A RUSIA POR EL CONFLICTO DE UCRANIA

En junio de 2011 el gobierno ruso a través de la empresa estatal de exportación de armamentos Rosoboronexport contrató con los astilleros estatales franceses DCNS la construcción de dos buques de asalto anfibio basados en la clase Mistral en servicio en la Marine Nationale por un importe global de 1.200 millones de euros. Ambos buques se han construido en los astilleros de Saint Nazaire en el norte de Francia con los bloques de las secciones de proa fabricados en el mismo astillero y los de popa en los astilleros estatales rusos de San Petersburgo. Las pruebas de mar y el entrenamiento de las tripulaciones rusas se desarrollarían en las mismas instalaciones en Francia. Según los plazos previstos el primer buque denominado “Vladivostok” tenía que ser entregado al gobierno ruso el pasado 14 de noviembre para una vez en los astilleros rusos de San Petersburgo proceder al armamento del barco. Sin embargo, el gobierno francés ha estado jugando desde hace meses con la baza de no entregar los buques debido a la implicación de Rusia en el conflicto ucraniano, como si las potencias occidentales no hubieran hecho exactamente lo mismo, con una injerencia descarada en la zona de seguridad de Rusia especialmente a través de la posición beligerante de la Alianza Atlántica –declaraciones continuas por boca del Secretario General Rasmusen- y, posteriormente, con la imposición de sanciones económicas, financieras, industriales, tecnológicas y de materiales de defensa por parte de la Unión Europea. Así llega el Ministro de Defensa francés Jean-Yves Le Drian dice el 5 de diciembre que “ante la situación actual, no haremos la entrega, quizás nunca la hagamos y Rusia lo sabe”, y espeta que “las condiciones no se han cumplido, aunque podrían cumplirse” (declaraciones en http://sp.ria.ru/international/20141205/163475222.html); se refiere, claro está, no a las condiciones contractuales, sino a las exigencias políticas que impone en cada momento en veleidoso Presidente Hollande. El mismo que declaraba en Astaná también el 5 de diciembre: “nosotros junto con Putin, Poroshenko y Merkel, debemos empezar a rebajar la tensión” (declaraciones en http://sp.ria.ru/international/20141205/163475756.html). Pero, ¿cómo se va a rebajar la tensión si por un lado no cesa la intervención occidental en el conflicto ucraniano y, por otra, los políticos europeos que gobiernan en la Unión pretenden tratar a Rusia como si fuera un país de segunda categoría o un Estado débil? ¿Es que estos dirigentes no han estudiado la historia de Europa al menos del siglo XX? Y en el caso del gobierno francés es más grave si cabe porque no entregar los barcos a Rusia lleva aparejado una indemnización por incumplimiento de contrato de 3.000 millones de euros (según datos del jefe de la Comisión de Asuntos Internacionales de la Duma Alexei Puskhov, recogidas en http://sp.ria.ru/international/20141126/163294048.html), aunque también cabe que ni siquiera indemnicen… El Ministro de Asuntos Exteriores Sergei Lavrov declaraba el pasado 26 de noviembre que “tenemos un contrato que nos respalda y no creo que los procedimientos legales se extiendan por mucho tiempo si es que no se resuelve el tema del cumplimiento de las obligaciones por parte de Francia” Claro que a última hora la solución la ha aportado el sempiterno senador de los Estados Unidos John McCain cuando ha declarado que “si los buques están listos, ellos (los franceses) podrían usarlos y pagarlos ellos mismos” (declaraciones recogidas en http://sp.ria.ru/international/20141205/163490442.html).

ABRAZO FUERTE: ALEMANIA Y FRANCIA SE PONEN DE ACUERDO PARA CONSTRUIR EL NUEVO COHETE ARIANE 6

En la entrada del mes de noviembre titulada LA INDEPENDENCIA ESTRATÉGICA EUROPEA analizamos la política espacial común como uno de los factores que refuerza la toma de decisiones autónomas por parte de la Unión Europea dentro del Bloque Occidental. Pero, como en otros ámbitos, el desarrollo de una política espacial europea ha sido un proceso complejo en el que ha habido que contemporizar con los intereses políticos, estratégicos, industriales y tecnológicos de los Estados participantes, especialmente los de las potencias que rigen el subsistema europeo de seguridad. Pues bien, el pasado 15 de noviembre la Ministra de Espacio alemana Brigitte Zypries anunció que el gobierno alemán había aceptado la propuesta francesa de construir una nueva generación de cohetes propulsores, denominados Ariane 6. De este modo, se hacía público el acuerdo que ponía fin a dos años de intensas negociaciones en el seno del Directorio Europeo sobre la conveniencia o no de afrontar los riesgos tecnológicos e industriales que implica el desarrollo de un nuevo cohete propulsor europeo. En palabras de la Ministra Zypries el Acuerdo adoptado en Colonia “es bueno para los dos países, para los demás Estados participantes y también para la industria”. La posición francesa evidentemente busca potenciar la independencia europea en materia espacial y de rebote al constructor nacional de motores de cohetes Safran; por su parte, la posición alemana consistía en un desarrollo del cohete en servicio Ariane 5 en la versión ME, combinado con el lanzador ligero europeo Vega y mantener la colaboración con Rusia en cuanto al suministro de lanzadores pesados. Como no podía ser de otra manera, el Consejo Ministerial de la Agencia Espacial Europea (ESA) refrendó el acuerdo en la reunión de 2 de diciembre de 2014. El Programa Ariane 6 en sus dos versiones 6.2 ligera y 6.4 pesada tendrá un coste de 4.300 millones de euros que será asumido en un cincuenta por ciento por Francia y Alemania y el otro cincuenta por los otros veinte países que forman la ESA más Canadá y cuyo primer vuelo está previsto para 2020.

Para ti, que estás hecha de la materia primigenia del universo.

RUSIA REFUERZA SU POLÍTICA DE SEGURIDAD Y DEFENSA

A la anunciada revisión de la Doctrina Militar de 2010 motivada por los “cambios acelerados en la situación geopolítica” y la “aparición de nuevas amenazas de carácter militar” de la que hemos dado cuenta en la entrada REVISIÓN DE LA DOCTRINA MILITAR DE RUSIA, el Poder Político ruso ha adoptado varias decisiones de suma importancia. La primera es la creación a partir del 1 de diciembre de un nuevo Distrito Militar que abarcará las regiones más allá del Círculo Polar y el océano Ártico denominado Mando Unido Estratégico Norte; este nuevo Mando Estratégico dispondrá de fuerzas terrestres, aéreas y navales propias constituyéndose a partir de la fuerza de combate de la Flota del Norte, las unidades terrestres  del Grupo Táctico Único, además se contempla la creación de dos nuevas brigadas terrestres que estarán operativas en 2016, la construcción de trece aeródromos, un nuevo polígono de tiro, la instalación de estaciones de radares y de puestos de mando de la Fuerza Aérea (VVS). La segunda es la activación completa el 1 de diciembre del Consejo de Defensa Nacional, que inició sus actividades el 1 de abril de 2014; este Consejo se compone de tres departamento principales: el encargado del uso del arsenal nuclear subordinado al Presidente, el de seguimiento de la situación política y militar global y el que supervisa el funcionamiento normal de las Fuerzas Armadas. La tercera decisión supone la ampliación del Programa Estatal de Armamentos 2011-2020 con un nuevo Programa para el período 2016-2025 que completará la renovación de todo el material militar de las Fuerzas Armadas rusas, de este modo de forma inmediata ya en 2015 en presupuesto de Defensa se incrementará un 32,8% hasta alcanzar los 78.148 millones de dólares, en 2016 lo hará un 5,5% y en 2017 otro 4%, esto supone que los gastos militares alcanzarán en torno al 20% del presupuesto federal anual.
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"EL DESPLIEGUE INTERNACIONAL DE LAS FUERZAS ARMADAS ESPAÑOLAS EN EL MARCO DE LOS TRATADOS INTERNACIONALES"

Texto completo de la ponencia[1] presentada en la mesa redonda "España y su compromiso con Naciones Unidas, Unión Europea y OTAN", en las II Jornadas Comunicación y Defensa de la Universidad de La Laguna, dirigidas por el profesor D. Fernando Iturrate en la Facultad de Ciencias de la Información, 20-21 de noviembre de 2014 -más información aquí-.


"Tras el final de la Guerra Fría que enfrentó a los Estados Unidos y a la Unión Soviética durante cuarenta y cinco años, los ideólogos del Nuevo Orden Mundial (NOM) vaticinaron una nueva época para la humanidad basada en el final del enfrentamiento militar, el desinterés por las armas nucleares como elemento de poder estratégico y el encumbramiento de los Estados Unidos como única potencia global en una nueva etapa de paz y prosperidad, que algunos incluso calificaron como del final de la historia en el desarrollo de la civilización occidental.
Pero, aunque las grandes potencias acordaron entre ellas el fin del enfrentamiento político-militar se produjo una expansión de los conflictos armados en los niveles inferiores del sistema de seguridad mundial. Resulta paradójico que el nuevo pensamiento ideológico surgiera en un contexto de expansión de los conflictos étnicos y territoriales que habían estado sofocados por el enfrentamiento bipolar. Lo que ocurrió es que el equilibrio entre las grandes potencias que había impuesto férreas esferas de influencia, desapareció.
Esto demuestra la existencia de la regla de que el poder hegemónico no impone la estabilidad sistémica, sencillamente porque los Estados Unidos carecen del poder y las capacidades para imponerse en todos los lugares al mismo tiempo. Por ese motivo recurre a coaliciones ad hoc como en las guerras de Afganistán, Irak, la guerra global contra el terrorismo o Libia; en otros casos actúa indirectamente, como en Pakistán, Irán, Yemen, Sudán, Somalia y más reciente en Siria. De hecho, el final de la Guerra Fría puso de manifiesto que la Alianza Atlántica es la coalición militar más exitosa de la historia.
Sin embargo, en el sistema internacional globalizado se requieren nuevos acuerdos de seguridad entre las grandes potencias –los Estados Unidos y Rusia y las potencias emergentes– que permitan reconducir los conflictos regionales, lo que pasa por un nuevo reparto de esferas de influencia entre ellas.
Es en este contexto internacional en el que tiene lugar la inserción político-estratégica de España. Hay que tener en cuenta, con carácter previo, que a principios de los años noventa España estaba plenamente integrada en las estructuras de seguridad occidentales: ONU, Alianza Atlántica y Unión Europea Occidental.
La existencia de intereses estratégicos a los que se alude en la Estrategia española de Seguridad Nacional de 31 de mayo de 2013 implica la participación activa en los sistemas de orden y cooperación occidentales que hemos nombrado.
Desde 1989 las Fuerzas Armadas españolas han participado en dos tipos de operaciones en el exterior:
- las que podemos denominar misiones humanitarias clásicas, que están relacionadas con catástrofes naturales o humanas o de verificación, de interposición u observación de los conflictos ya sea bajo mandato de la ONU o de Organizaciones regionales;
- las que implican la participación en operaciones de combate propiamente dichas en conflictos armados como las misiones en Yugoslavia (1999), Afganistán (desde 2001-2014), Irak (2003-2004 y de nuevo 2014), Libia (2011) y la lucha contra la piratería en el Océano Índico (desde 2009).
Sin embargo, los sucesivos gobiernos con independencia de su color político han omitido persistentemente referirse a estos conflictos armados como “guerras”, aunque esto no quiere decir que no se trate de conflictos bélicos abiertos, pero sí pone de manifiesto la complejidad del debate político interno y la dificultad con la que las Fuerzas Armadas han tenido que afrontar dichas misiones, participando en misiones de combate con medios defensivos, al contrario de lo que hacen los Estados Unidos o las otras potencias europeas como Gran Bretaña y Francia.
Es indudable que la internacionalización de las Fuerzas Armadas ha supuesto una ampliación de sus funciones más allá de las estrictamente militares asignadas por la CE, para pasar a desempeñar misiones policiales, humanitarias o de asistencia pura.
La participación de las Fuerzas Armadas en misiones en el extranjero plantea cuestiones de orden político, jurídico y de coordinación con los aliados y con las Organizaciones Internacionales en las que España está integrada, más en el caso de participación en coaliciones internacionales. Por ello, es conveniente analizar el marco legal que ampara el despliegue de las Fuerzas Armadas en el exterior.
Dejando de lado ejercicios, maniobras o colaboraciones conjuntas, la presencia de fuerzas militares españolas en el extranjero requiere la existencia de un mandato de la ONU, de la Alianza Atlántica o de la Unión Europea, y entendemos por mandato la autorización que constituye el referente normativo para desplegar fuerzas militares en el territorio de otro Estado que puede implicar el uso de la fuerza. Esto es particularmente claro en el caso de las resoluciones del Consejo de Seguridad cuando aplica el Capítulo VII de la Carta.
El despliegue efectivo de las Fuerzas Armadas se regula en una serie de instrumentos jurídicos y técnicos que van desde acuerdos básicos sobre el estatuto de las tropas, acuerdos políticos y técnicos denominados Memorandos de Entendimiento y Acuerdos Técnicos, reglamentaciones operativas, de mando y control hasta llegar a las conocidas Reglas de Enfrentamiento. La ONU y la Alianza Atlántica tienen sus propios modelos de Acuerdos sobre el Estatuto de las Fuerzas, mientras que la Unión Europea sigue el modelo de la Alianza.
El fundamento jurídico interno se encuentra en el artículo 8 de la CE en conexión con el artículo 93 por el que se transfiere el ejercicio de competencias soberanas a determinadas Organizaciones Internacionales (caso de la ONU, la UEO y posteriormente la Unión Europea) y el artículo 94 para los tratados de alianza militar (caso de la Alianza Atlántica y las coaliciones militares ad hoc).
La decisión de enviar fuerzas militares al extranjero es una competencia del Presidente del Gobierno conforme a la atribución de competencias que establece el artículo 97 de la CE.
Sin embargo, como consecuencia del profundo enfrentamiento político interno que supuso el despliegue en Irak (2003-2004) en noviembre de 2005 el parlamento aprobó una reforma de la Ley Orgánica de Defensa Nacional (LODN) por la que se establece el requisito de la autorización parlamentaria.
El artículo 15 de la LODN contempla la contribución militar a la seguridad y defensa de los aliados en el marco de las Organizaciones Internacionales de las que España forma parte, la contribución al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, la asistencia humanitaria y las operaciones de rescate.
El artículo 16 habla de “acciones de prevención de conflictos o disuasión, de mantenimiento de la paz, actuaciones en situaciones de crisis y, en su caso, de respuesta a la agresión”.
En concreto, en el artículo 17 se establece una limitación legal de las competencias del Presidente en materia de defensa nacional, puesto que impone la autorización previa del Congreso de los Diputados (no del parlamento) para toda operación exterior que no esté vinculada directamente con la defensa militar de España o con los intereses nacionales en el exterior, referencia increíblemente extensa porque la valoración de lo qué es el interés nacional y cuándo se halla en juego es competencia del Presidente del gobierno.
El artículo 19 de la LODN impone tres condiciones para prestar dicha autorización:
- que la operación se realice a petición de un Estado o que cuente con la autorización de la ONU u otra Organización Internacional de la que España sea parte;
- que se cumplan los fines previstos en esas Organizaciones; y,
- que se ajusten a los principios del Derecho Internacional y a la Carta de la ONU.
Resulta obvio para cualquier estudiante avezado que estos requisitos continúan manteniendo el amplio margen de discrecionalidad de que goza el Presidente del gobierno para decidir el envío de fuerzas militares fuera del territorio nacional.
La precipitada retirada de las tropas de Irak anunciada por el Presidente Rodríguez Zapatero nada más tomar posesión el 15 de abril de 2004, provocó una quiebra en la confianza de los aliados sobre el compromiso de España en el mantenimiento de la seguridad internacional, a pesar de que después dl mismo gobierno rectificó incrementando de forma importante los recursos y el personal en la misión en Afganistán.
Para transmitir la idea de continuidad de la política exterior y de seguridad a pesar de los cambios de gobierno, recuperar la confianza de los aliados y mantener los compromisos internacionales, el Presidente Rajoy aprobó en el segundo Consejo de Ministros el 30 de diciembre de 2011, la prórroga por un año de la participación de las unidades militares en operaciones en el exterior en las condiciones en las que se hallaban desplegadas hasta ese momento con un total de 3.011 militares:
- la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad en Afganistán (ISAF) con 1.521 militares y 40 guardias civiles,
- la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (UNIFIL) en Líbano con 1.050 militares,
- la Operación Atalanta con 395 militares,
- la operación Eurofor-Althea en Bosnia-Herzegovina con 25 militares, y
- la EUTM-Somalia con 20 militares.
Ahora bien, como consecuencia del Programa Nacional de Austeridad el gobierno acometió una importante reducción de todas las misiones internacionales, excepto la operación Atalanta en el océano Índico, con el objetivo de ajustar los recursos y reducir costes. Como consecuencia de ello, en noviembre de 2014 las Fuerzas Armadas mantienen en el exterior las siguientes misiones con 1.748 militares[2]:
- ISAF con 344 militares,
- UNIFIL con  un máximo de 584 militares,
- Operación Eurofor-Althea con 11 militares, y
- EUTM-Somalia con 14 militares,
- EUTM-Mali con 110 militares y la misión Apoyo a Mali con otros 47 militares,
- Apoyo a la República Centroafricana con 60 militares,
- Operación Atalanta con 395 militares,
- EUCAP Nestor con 2 militares y 1 civil,
- Ocean Shield con 240 militares.
A modo de conclusiones podemos decir que las Fuerzas Armadas españolas participan desde hace veinticinco años de forma regular en misiones internacionales bajo mandato de la ONU, la Alianza Atlántica y de la Unión Europea.
Durante este período ha tenido lugar la transformación de las Fuerzas Armadas con la completa profesionalización del personal de Tropa y Marinería. En paralelo se ha producido la modernización de sistemas de armas y equipos a un estado no alcanzado hasta ahora, lo que ha permitido a los Ejércitos desempeñar las misiones internacionales al nivel encomendado por el poder político.
Ahora bien, la participación militar en el exterior no se ha apoyado en una política general sino que los sucesivos gobiernos han tomado decisiones concretas en función de intereses políticos internos e, incluso, de intereses electorales.
Esta ambigüedad política ha confundido a la ciudadanía y también a los propios militares sobre la naturaleza de las misiones que desempeñan: “guerra”, “conflicto armado”, “lucha contra el terrorismo internacional”, todos ellos camuflados bajo la referencia genérica a “operaciones de paz”, porque, guste o no guste, las Fuerzas Armadas no están para hacer la paz, están para la guerra.
Sin embargo, la ausencia de una política específica para las misiones internacionales no ha afectado a la relación de los ciudadanos con las Fuerzas Armadas y, de hecho, las encuestas de opinión ponen de manifiesto de forma continuada que son la institución más valorada por la ciudadanos –correlativamente, los políticos obtienen una de las más bajas–.
En el contexto actual de crisis económica las Fuerzas Armadas han tenido que acometer enormes esfuerzos que han puesto en peligro la propia operatividad como así ha reconocido hasta el propio Ministro de Defensa: reducción del personal, recortes en los programas prioritarios de armamento, ajustes drásticos de las partidas presupuestarias destinadas a mantenimiento y modernización de equipos y sistemas de armas en servicio y la capacidad logística para cumplir las misiones encomendadas en el extranjero.
De forma coherente, el gobierno actual procedió  a la reducción de las todas las misiones internacionales, excepto la misión Atalanta."
 

[1] Para conocer más véase Pérez Gil, L.: “Le déploiement international des forces armées espagnoles dans le cadre des tratiés internationaux”, en Clairy, J.-Y. y Perruche, J. P. (coords.): Vers la naissance du "couple franco-espagnole": quels enjeux pour l´Europe de la defense? Études de l´IRSEM núm. 18. París, 2012, pp. 69-101, y la extensa bibliografía allí citada

JORNADAS DE LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA SOBRE COMUNICACIÓN Y DEFENSA

La Facultad de Periodismo de la Universidad de La Laguna ha organizado las II Jornadas sobre Comunicación y Defensa que en esta edición llevan por título “Comunicación para el desarrollo y la defensa en el camino hacia la paz”, que se celebran en La Laguna los días 20 y 21 de noviembre de 2014.
En las Jornadas se disertará sobre la participación de España en los organismos internacionales –Naciones Unidas, Unión Europea y Alianza Atlántica-, sobre la Estrategia de Seguridad Nacional y las amenazas a la seguridad nacional, la presencia de las Fuerzas Armadas en la Comunidad Autónoma de Canarias y la participación del Mando de Canarias en las misiones internacionales, así como temas más directamente relacionados con la comunicación como la percepción de la opinión pública española e información, publicidad y relaciones internacionales en los ámbitos de la seguridad y la defensa, y el caso concreto de la crisis en el Sahel en los medios españoles.
Entre los participantes destacan el general Santiago Camarero, Jefe del Estado Mayor del Mando de Canarias, Irene Blázquez Navarro, Jefa de la Oficina de Asuntos Estratégicos de la Presidencia del Gobierno de España, y el Teniente Coronel Díez Alcaide, profesor del Instituto Español de Estudios Estratégicos.
El programa completo de las  Jornadas, así como todos los ponentes, se pueden consultar aquí.
Pues bien, preparando mi intervención en la mesa redonda dedicada a “España y su compromiso con Naciones Unidas, Unión Europea y OTAN” he recordado los versos de Calderón de la Barca, dramaturgo, soldado y sacerdote español, sobre la Institución Militar, versos que acompañan precisamente las imágenes del vídeo que ha sido galardonado con uno de los premios oficiales del Ministerio de Defensa, el Premio Ejército 2014.


“Este ejército que ves
vago al yelo y al calor,
la república mejor
y más política es
del mundo, en que nadie espere
que ser preferido pueda
por la nobleza que hereda
sino por la que él adquiere;
porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace
y sin mirar cómo nace
se mira cómo procede.
Aquí la necesidad
no es infamia; y, si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mejor cualidad
que el más galán y lucido;
porque aquí, a lo que sospecho,
no adorna el vestido el pecho,
que el pecho adorna al vestido.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás
tratando de ser lo más
y de aparentar lo menos.
Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.
Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la firmeza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son
caudal de pobres soldados;
que, en buena o mala fortuna,
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.”
De la Comedia famosa. Para vencer a amor, querer vencerle (Valencia, 1650, escrita en 1689).

LA INDEPENDENCIA ESTRATÉGICA EUROPEA

Las grandes potencias europeas reunidas en torno a la Agencia Espacial Europea (ESA) llevan desde junio de 1962 trabajando para alcanzar la independencia espacial, como un componente fundamental de una verdadera independencia estratégica europea, puesto que disponer de un sistema propio de comunicaciones espaciales permitirá tomar decisiones autónomas de los Estados Unidos, precisamente en una etapa de las relaciones internacionales en la que la potencia hegemónica en retroceso ha manifestado claramente el viraje estratégico hacia la cuenca del Pacífico, que es, por otra parte, su área de expansión natural. El Programa Galileo, impulsado decididamente por Francia desde finales de los años noventa, plasma las aspiraciones de independencia estratégica europea en el sector de las comunicaciones al construir un sistema de posicionamiento global por satélite que compite en tecnología, precisión y calidad del servicio a los operadores privados con el GPS americano y el Glonass ruso. Y permitirá a los dirigentes europeos adoptar decisiones político-estratégicas autónomas en los ámbitos de la seguridad y la defensa, incluida la participación en conflictos internacionales con uso de la fuerza armada, ya que la existencia de este sistema es indispensable para el manejo de los aviones de combate más modernos, las armas de precisión, los misiles de crucero y los sistemas aéreos no tripulados de combate y de reconocimiento. En este sentido, la ESA ha informado que está realizando las tareas de reprogramación necesarias para que uno de los dos satélites con capacidad operativa plena que entraron en órbitas erróneas el 22 de agosto de 2014 debido a un fallo en la fase superior Fregat-MT del cohete propulsor Soyuz entre en funcionamiento correctamente este mismo mes de noviembre. Si estas actuaciones demuestran su eficacia, se replicarán en el segundo satélite que permanece inoperativo, de modo que a finales de año el sistema Galileo disponga ya de una constelación de seis satélites formada por los cuatro prototipos iniciales lanzados por parejas en octubre de 2011 y octubre de 2012 y los dos satélites de capacidad operativa completa puestos en órbita en agosto de 2014. Cuando se encuentre plenamente operativo el  sistema Galileo dispondrá de treinta satélites en servicio (seis de reserva) en órbita terrestre media distribuidos en tres planos inclinados con un ángulo de cincuenta y seis grados hacia el ecuador a 23.222 kilómetros de altura, en cada plano habrá diez satélites que tardarán en completar la órbita del planeta catorce horas, y cada plano dispone de un satélite de reserva preparado para reemplazar a cualquiera que quede fuera de servicio o inoperativo. Realmente se trata de la independencia estratégica europea.
Es evidente que los que más gastan en el espacio son las grandes potencias que forman el directorio mundial, pues consideran como ya constató George Friedman (2010) que las guerras del futuro se dirimirán en el espacio. Aunque en política espacial ninguno de estos gobiernos es un dechado de transparencia, por fuentes abiertas se estima que en 2013 los Estados Unidos gastaron 40.000 millones de dólares, China 11.000 millones, Rusia 8.600 millones e India 4.300 millones -en este sentido el informe más reciente de la OCDE sobre desarrollo de la actividad espacial-. Por su parte, el presupuesto de 2013 de la ESA fue de 4.282 millones de euros -la información detallada en el sitio web de la Agencia-.
Imágenes del aterrizaje de la sonda robótica Philae en el meteorito 67P/Churyumov-Gerasimenko:

Para conocer información más detallada sobre la misión Rosetta/Philae pulsa aquí. 

LOS ARSENALES NUCLEARES ESTRATÉGICOS DE LAS GRANDES POTENCIAS A SEPTIEMBRE DE 2014


El Departamento de Estado americano ha publicado los datos sobre los arsenales nucleares estratégicos de las dos grandes potencias a 1 de septiembre de 2014 conforme a las cláusulas de información del Tratado de Armas Estratégicas de 8 de abril de 2010. El documento “New START Treaty Aggregate  Number of Strategic Offensive Arms” detalla los siguientes datos:

Rusia pasa de 498 lanzadores desplegados (entre ICBM, submarinos portamisiles y bombarderos de largo alcance) a 528 y las ojivas nucleares operativas de 1.512 a 1.643; sin embargo, el número de vectores de lanzamiento desplegagos y no desplegados no varía sustancialmente desde los datos aportados el 1 de marzo de 2014, ya que pasa de 905 a 914. Este salto cuantitativo en los vectores de lanzamiento desplegados y en el número de ojivas operativas se debe a la entrada en servicio de los dos primeros submarinos nucleares portamisiles de la clase Borei –K-535 Yury Dolgoruky y K-550 Alexander Nevsky-, ya que cada uno de ellos transporta 16 cohetes R30 Bulavá con hasta seis ojivas nucleares, lo que supone 192 armas nucleares adicionales operativas.

Por su parte, los Estados Unidos pasan de 778 a 794 lanzadores desplegados, las ojivas nucleares de 1.585 a 1.642 y el total de lanzadores se reduce de 952 a 912.

Los datos a 1 de marzo de 2014 están disponibles en el sitio web del Departamento de EstadoLos datos del semestre anterior se pueden consultar en ESTADO DE LOS ARSENALES NUCLEARES ESTRATÉGICOS DE LAS GRANDES POTENCIAS en  También recomendamos la lectura del ensayo de Kristensen, H. y Norris, R.: “Worlwide deployments of nuclear weapons, 2014”, Bulletin of Atomics Scientists núm. 5, 2014, pp. 1-13.

Cela semblait invraisemblable, mais il est arrivé !

REVISIÓN DE LA DOCTRINA MILITAR DE RUSIA


Los acontecimientos recientes en Europa oriental, esencialmente la guerra civil en Ucrania con la implicación directa de las grandes potencias, y la creciente agresividad del Bloque Occidental con una Alianza Atlántica que ha rescatado en la Cumbre de Newport la amenaza rusa como raison d’être de su existencia y que incluye la presencia militar permanente en las mismas fronteras de Rusia, ha impulsado al Poder Político ruso a realizar una revisión de la Doctrina Militar de 2010. Es evidente que una Rusia fortalecida por una situación económica favorable y los ingresos multimillonarios de los hidrocarburos no está dispuesta a tolerar la injerencia de potencias ajenas en el espacio territorial que forma su área de seguridad, esto es el territorio de la antigua Unión Soviética incluida Asia central.
En la Doctrina Militar de 5 de febrero de 2010 se constata que los peligros militares se han incrementado en varios ámbitos, pese a la disminución de la posibilidad de “una guerra de envergadura con armas convencionales y nucleares”. Entre los peligros susceptibles de convertirse en amenazas ya se contemplaba la “aspiración a atribuirse funciones globales” de la Alianza Atlántica, lo que desde la perspectiva rusa supone una violación de los principios básicos que regulan el orden internacional y, por ende, el equilibrio estratégico. La misma consideración se asigna al establecimiento de bases e instalaciones militares cerca de las fronteras rusas, incluido el despliegue de sistemas antimisiles, que se definen como “esfuerzos para desestabilizar la situación de determinados países y regiones que minen la estabilidad estratégica”. Por ello, la Doctrina Militar refuerza la idea permanente de la necesidad de un espacio de seguridad más allá de sus propias fronteras. Para ello, además del refuerzo de las Fuerzas Armadas, incluidas las Fuerzas de Disuasión Nuclear, se ha incrementando la cooperación militar con los países de la región -Armenia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán- mediante acuerdos bilaterales o en el marco de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva.  
La Doctrina Militar estimaba que solo en el caso de que los gobiernos occidentales respeten este espacio exclusivo se podría avanzar en una mayor cooperación con la Alianza Atlántica en asuntos relacionados con la seguridad global, el desarme o el terrorismo islamista. Sin embargo, esto no solo no ha sido así sino que se ha ido a un enfrentamiento en toda la regla con el conflicto ucraniano como telón de fondo. Sin embargo, cuando se publicó el documento resulto llamativo que no hubiera referencias explícitas a los Estados Unidos, lo que se interpretó como un reconocimiento del potencial de la Administración Obama para alcanzar acuerdos mutuamente beneficiosos en temas estratégicos y en el funcionamiento del régimen de seguridad global, como así ha ocurrido.  
Ante las noticias sobre la revisión del documento, fuentes militares se han apresurado a aclarar que, primero, no se trata de una nueva Doctrina Militar, sino una revisión del documento vigente, y segundo, no se incluirán cláusulas referentes a doctrina de empleo de armas nucleares y, en concreto, a ataques nucleares preventivos, cuestiones que se recogen en un documento anexo reservado a la Doctrina Militar de 2010 denominado “Fundamentos de la Política Estatal en Materia de Disuasión Nuclear hasta 2020”. En concreto, el general Yuri Baluieskii, ex Jefe del Estado Mayor, precisó que la parte referente a las armas nucleares no tiene que ser modificada porque la posición de su país es clara en este punto: Rusia se reserva el derecho a usar armas nucleares cuando sea objeto de un ataque con armas de destrucción masiva, sean usadas contra ella o contra sus aliados, o cuando una agresión con armas convencionales ponga en peligro la existencia misma del Estado. 
Sin embargo, la Doctrina Militar de 2010 enfatizaba la importancia de las fuerzas convencionales y en particular las armas de precisión, los sistemas de comunicaciones, mando y control y los sistemas espaciales. Por ello, todos los expertos consideran que Rusia está dispuesta a crear su propio sistema de ataque global inmediato como respuesta al Programa Prompt Global Strike de los Estados Unidos. De hecho, en diciembre de 2013 el Presidente Putin habló de la necesidad de desarrollar nuevos sistemas de combate para hacer frente al programa americano, tarea que se ha encomendado a las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia. Y más reciente, el septiembre de 2014 el Viceministro ruso de Defensa Yuri Borisov declaró que “Rusia puede y se verá obligada a hacerlo, pero vamos a desarrollar sistemas de respuesta a esos nuevos tipos de armamento  porque  nuestra doctrina militar es defensiva, y no pensamos cambiarla”. Paradójicamente, de la mano del conflicto ucraniano estamos a las puertas de una carrera por la militarización del espacio. Es decir, las grandes potencias no cesan en el juego permanente del poder.

ALEMANIA AJUSTA LAS CUENTAS


El gobierno alemán anunció el pasado 9 de septiembre por boca del ministro de Economía Wolfgang Schäuble que, previsiblemente, en 20015 no necesitará recurrir a emisiones de deuda para financiar el presupuesto federal. Este anuncio pone de manifiesto dos cuestiones fundamentales. La primera es el éxito evidente de las políticas de austeridad y contención del gasto público que ha aplicado la Canciller Merkel desde que llegó al poder en 2005 en coalición con el SPD del anterior canciller Gerhard Schroeder. La segunda es la fortaleza de la economía europea y, por ende, de la moneda que le es propia: el euro. Parece, pues, que se han alejado las dudas sobre la vigencia de la moneda única -recordemos las declaraciones del Directorio europeo en el Foro de Davos en enero de 2011: "Jamás dejaremos caer el euro, jamás" (véase la entrada EL DIRECTORIO EUROPEO SE IMPONE, en http://ullderechointernacional.blogspot.com.es/2011/01/el-directorio-europeo-se-impone.html)- y se avanza ya de forma definitiva a la unión fiscal, bancaria y a la creación de un mercado de deuda europeo, lo que ha sido una demanda de las potencias emergentes desde el estallido de la crisis financiera global en 2008. ¿Cómo lo ha conseguido el gobierno alemán? En primer lugar, con una tasa de empleo histórica para un país con ochenta y un millones de habitantes -en 2012 el desempleo ascendió al 7,1% de la población activa-, y un crecimiento económico estable potenciado por las exportaciones que superaron también en 2012 el billón y medio de dólares. Segundo, en medio de la supuesta crisis de deuda soberana que azotaba a los Estados europeos, las emisiones alemanas se convirtieron en el activo refugio, de modo que en los últimos años el Tesoro Alemán conseguía tasas de rentabilidad negativa. El resultado ha sido un récord en los ingresos fiscales y la contención del gasto público que posibilitará que no haya que emitir deuda pública el próximo año, lo que no ocurría desde 1969. Esto nos plantea dos reflexiones: ¿se han dado cuenta el resto de dirigentes europeos y, en concreto los de la Europa periférica, de cuál es el camino para salir de la crisis económica y financiera? Y, ¿cuándo se decidirá el Poder Político alemán a ejercer como poder hegemónico regional? Porque no se puede permitir que en una situación de enfrentamiento con una de las dos grandes potencias nucleares del mundo, como es Rusia en el conflicto ucraniano, quienes tomen decisiones importantes sean los burócratas de Bruselas coaligados con los dirigentes políticos de los Estados pequeños de la Unión Europea. Una de las máximas del realismo político es que lo bueno de tener poder es llegar a ejercerlo.  

ENFRENTAMIENTO ENTRE OCCIDENTE Y RUSIA POR UCRANIA


En el número de julio/agosto de la revista Política Exterior se publica un artículo de Marck Fischer titulado “El desafío de Occidente en Ucrania y más allá”, en el que se afirma abiertamente la responsabilidad de Rusia en el deterioro del conflicto ucraniano y que el Bloque occidental –el autor no usa este término de forma expresa, pero realmente se está refiriendo a esta nueva entidad geopolítica- debe actuar por medio de su organización militar: la Alianza Atlántica. El texto de Fischer, que es Subdirector del German Marshall Fund en Europa, pone sobre la mesa una cuestión fundamental: ¿cómo una organización militar que estaba prácticamente agotada en el escenario estratégico de la sociedad internacional globalizada, adquiere una vigencia inusitada? Esta idea ha calado fuertemente en determinados dirigentes políticos europeos, los denominados “atlantistas”, que aspiran a recuperar la sensación de seguridad que la Alianza Atlántica otorgaba a los débiles Estados europeos de la posguerra mundial tutelados por los Estados Unidos, y todos ellos encabezados por Anders Rasmussen, Secretario General de la Organización, como veremos más adelante.

Es evidente que el sistema de seguridad europeo pasa por un momento complicado, porque ante la ampliación de las organizaciones europeas a sus mismas fronteras occidentales Rusia trata de recuperar como sea el cinturón de seguridad que estableció después de la Segunda Guerra Mundial. Porque una cosa es que los países de Europa Central y Oriental recuperen su soberanía plena y otra muy distinta es que las organizaciones de seguridad europeas se extiendan hasta las fronteras de Rusia. Como establece la vigente Doctrina Militar rusa de 2010 esto representa una amenaza manifiesta contra la seguridad nacional. Marck Fischer, y toda una pléyade de politólogos occidentales, acusan a Rusia de violar el statu quo de la posguerra fría al incorporar sin más dilación la península Crimea a la Federación el pasado mes de marzo. En el mundo académico se imponen las tesis que sostienen que estamos ante una “Rusia revisionista” que violenta el proyecto de una “Europa unida, libre y en paz”. Pero precisamente esa Europa plena se pudo alcanzar gracias al gran acuerdo con la Unión Soviética de Gorbachov que permitió la reunificación de Alemania y la liberación de los países de Europea Central y Oriental del imperio soviético. En ese acuerdo fundacional para una Europa Unida se encontraba el compromiso occidental de no extender las organizaciones militares europeas hasta las fronteras de Rusia, lo que se institucionalizó en el Acta Fundacional de las Relaciones OTAN-Rusia de 1997 con una declaración adicional de que este acuerdo estratégico “no puede en modo alguno menoscabar la eficacia política y militar de la Alianza, incluida su capacidad para cumplir su compromiso de seguridad con los miembros actuales y futuros”. Por eso, de forma interesada Fischer se pregunta: “¿dónde ha estado el error?”. Pues el error ha estado precisamente en no respetar ese acuerdo funcional, en extender la Alianza Atlántica hasta las mismas fronteras de Rusia, en proceder sin ningún pudor político a la desmembración de Serbia creando el Estado ficticio de Kosovo sin que respondiera a intereses nacionales de ninguno de los Estados europeos, en tratar de desestabilizar el equilibrio estratégico entre las grandes potencias nucleares con el anuncio de desplegar el sistema de defensa antimisiles a Polonia o Hungría, con la injerencia en la región del Cáucaso espoleando al gobierno georgiano para que actuara militarmente en las regiones separadas en 1991 de Abjasia y Osetia del Sur, que son protectorados militares de Rusia y, finalmente, alcanzando un acuerdo de asociación de la UE con Ucrania sin la anuencia previa de Rusia. Y esta cuestión es fundamental, porque no olvidemos que la UE de 2013 cuando se inició la crisis ucraniana que ha desembocado en la guerra civil actual, no es la de 2009, pues desde el 1 de diciembre de ese año comenzó a funcionar en el sistema comunitario la cláusula de defensa colectiva del artículo 42.7 del Tratado de la UE. En consecuencia, las elites dirigentes rusas perciben como una amenaza directa a la seguridad nacional la incorporación a la UE de países que hasta hace poco formaban parte del imperio ruso y soviético. A pesar de la propaganda aplastante a la que están sometidos los ciudadanos europeos, resulta evidente que el bloque occidental violentó el acuerdo uti possidetis europeo adoptado en el momento de la reunificación alemana. Pero es que ahora han dado un paso más, y han espoleado a los dirigentes golpistas de Kiev para que hagan una “guerra hasta el final” contra los rebeldes prorrusos apoyados a su vez por Moscú. El corolario es que la injerencia directa o indirecta de Rusia justifica la intervención de la Alianza Atlántica como supuesto garante de la paz y la seguridad en el continente.

El gobierno ruso lleva advirtiendo desde hace tiempo sobre el deterioro del sistema de seguridad europeo. Recordemos la intervención del Presidente Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007. Pero también ha demostrado que no está dispuesto a tolerar la injerencia occidental directa en su extranjero cercano como puso de manifiesto en el sometimiento de Georgia en la Guerra de los Cinco Días en agosto de 2008. Fischer habla de tibieza en la respuesta política occidental en ese momento, pero ¿y que tenía que haber hecho el Bloque occidental? El realismo político establece que la política exterior se rige por los intereses nacionales, y Europa no estaba dispuesta a un enfrentamiento directo con Rusia por Georgia. Nada más lejos de la realidad. Pero, ahora parece que los burócratas de Bruselas y los débiles dirigentes políticos europeos que gobiernan el sistema comunitario son partidarios del enfrentamiento con Rusia. El problema radica en que ignoran que Rusia continúa siendo una gran potencia económica y militar. A pesar de las sanciones occidentales impuestas a partir de julio de 2014 que han supuesto la fuga de unos 60.000 millones de dólares, la caída de un veinte por ciento de la bolsa de Moscú y la depreciación de un ocho por ciento del rublo frente al dólar, la economía rusa sigue creciendo por encima de la media europea, el déficit fiscal es escasamente de un 1,3 por ciento, la deuda pública representa un trece por ciento del PIB y las reservas de divisas ascienden a 486.000 millones de dólares. Como reconoce Fischer “las sanciones y las represalias son un juego en el que nadie sale ganando y el cálculo de su eficacia incluye factores políticos y económicos”. 

Si Rusia no puede ser considerada un socio “estratégico”, “ni de hecho un socio mínimamente fiable”, como escribe Fischer, entonces: ¿estamos abocados a una nueva guerra fría? O, como hemos dicho alguna vez, ¿es que la Guerra Fría nunca se fue? Es aquí donde hay que traer las declaraciones del Secretario general de la Alianza antes y después de la reunión del Consejo Atlántico de Newport los días 4-5 de septiembre de 2014. El día 27 de agosto el “belicista” Rasmussen manifestó: “creo que Rusia sabe que atacar a un Estado miembro sería cruzar la línea roja. Ese es el mayor valor de la Alianza. (…) Con esto no quiero decir que haya una amenaza inminente, sino que nuestro deber es actualizarnos continuamente y adaptarnos al nuevo entorno para seguir siendo creíbles y efectivos. Cuanto más fuerte sea nuestra determinación, menor será el riesgo de amenaza militar sobre cualquier aliado”. Para ello, anunciaba que la Alianza desplegará en un futuro próximo unidades militares de intervención rápida en los países limítrofes, pero esto ya lo habían hecho hace más de una década. De lo que se trataba es de seguir provocando a Rusia. Por eso enfatizaba que era el gobierno ruso “con sus actos” quien había pasado a tratar a la Alianza –aquí léase “Bloque occidental”- no como un socio sino como un adversario. Rasmussen le estaba diciendo a Kiev que, de alguna manera se integre en la Alianza Atlántica, es decir, con la protección de los Estados Unidos contra Rusia porque si solo forma parte de la UE tendrá la defensa automática de los Estados miembros, pero no la de los Estados Unidos. Bien es verdad que el Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Chuck Hagel, puso algo de cordura en este debate cuando el día 4 de septiembre descartó la posibilidad de llevar a cabo “acciones militares, una guerra contra Rusia” por el conflicto ucraniano.

Sin embargo, en la Cumbre de Newport se han impuesto las tesis de los atlantistas que quieren devolver a la Alianza a su misión fundacional: garantizar la seguridad euroatlántica frente a la amenaza rusa. En concreto a Rusia se la acusa de “haber propagado el conflicto en Ucrania”. Para responder al clamor de los aliados de Europa Oriental frente a la acometividad rusa se ha aprobado un Plan de Acción para la Preparación que contempla el incremento de la presencia militar en Polonia y los países bálticos con ejercicios militares, el preposionamiento de material, el despliegue de sistemas de mando y control en bases militares de estos países y el reforzamiento de la Defensa Aérea del Báltico de la que se encargan desde 2004 de forma rotatoria las fuerzas aéreas de los Estados miembros de la Alianza. Y no contentos con ello, además, han decidido aprobar un fondo de quince millones de dólares para la reforma de las Fuerzas Armadas ucranianas, es decir, suministrar equipamiento militar a una de las partes en la guerra civil ucraniana -así lo reconocía expresamente el 8 de septiembre el Presidente Poroshenko y, aunque lo desmentían posteriormente los ministros de defensa de varios Estados miembros aludidos, el gobierno ucraniano insiste en que está recibiendo asistencia militar de la Alianza-. Precisamente de lo que se acusa a Rusia.  

Pero desde Washington las relaciones con Rusia se ven con otra perspectiva, más a escala global y a más largo plazo, por eso la solución al conflicto ucraniano pasa por un acuerdo con Moscú basado en el plan de paz de siete puntos propuesto por el Presidente Putin el 4 de septiembre que incluye negociaciones sobre el estatuto de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk. Como dijo el Presidente ruso el 31 de agosto: “es urgente comenzar negociaciones sustanciales, pero no sobre temas técnicos, sino sobre cuestiones de la organización política de la sociedad y el modelo de Estado en el sureste de Ucrania”.

Llegados a este punto podemos considerar las opciones para resolver el conflicto ucraniano:

Primera, la normalización rápida de las relaciones con Rusia, lo que incluye el reconocimiento de la incorporación de Crimea a la Federación rusa, la existencia de una Ucrania sometida a la égida rusa y el reconocimiento de una zona exclusivamente rusa en el espacio postsoviético. 

Segunda, la integración plena de Ucrania en las organizaciones occidentales, lo que implica el deterioro permanente de las relaciones con Rusia y un esfuerzo económico de grandes proporciones debido a la desastrosa situación financiera en la que se encuentra sumido el gobierno de Kiev.

Tercera, la partición de Ucrania. Las provincias orientales de mayoría rusa se incorporarían a Rusia como nuevos sujetos de la Federación y la parte occidental del país quedaría formalmente independiente pero dentro de la UE y la Alianza Atlántica.

Como dice correctamente Fischer al final del texto: “en el centro del enfrentamiento entre Occidente y Rusia hay una cuestión de percepción de la voluntad política”. Y la voluntad política de una y otra parte es clara. Como titulábamos en una de las entradas del blog del mes de marzo de este año: “Crimea es rusa”.  ¿Acaso alguno de los dirigentes europeos está dispuesto a respaldar con fuerzas militares una declaración del tipo “Ucrania es europea”? Mientras tanto el Subsecretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Mijail Popov, declaró el 2 de septiembre de 2014 que se revisará la Doctrina Militar de 2010 antes de final de año debido a las nuevas amenazas que han surgido a la seguridad nacional: “no cabe duda de que la aproximación de la infraestructura militar de los países miembros de la Alianza Atlántica a las fronteras rusas, en particular mediante la ampliación del bloque (sic), se mantendrá como uno de los riesgos militares exteriores para la Federación de Rusia”. Aunque expertos militares se han adelantado a aclarar que “no incluirá aspectos sobre ataques nucleares preventivos y los probables enemigos”… Pero, ¿qué esperaban, señores de Bruselas? La cuestión no es la amenaza nuclear localizada, que es lógica sobre todo hacia los países bálticos, sino que se crean superiores a los toscos dirigentes rusos y de nuevo calculen mal dejándose arrastrar por la irracionalidad del torpe. Pero finalmente nadie irá a la guerra por Ucrania, eso lo saben todos, la UE, los Estados Unidos, Rusia y hasta la misma Ucrania.
Referencia bibliográfica completa: Fischer, M.: “El desafío de Occidente en Ucrania y más allá”, Política Exterior (Madrid) núm. 160, julio/agosto de 2014, pp. 72-84.

Para ti, porque hay cosas se escapan a las palabras...

"LA CLÁUSULA DE DEFENSA COLECTIVA DEL TRATADO DE LA UNIÓN EUROPEA ANTE EL CONFLICTO DE UCRANIA"


Título del ensayo de mi autoría publicado el día 29 de septiembre en el sitio web de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos de Chile en el que se analizan las obligaciones impuestas por el Tratado de la UE a los Estados miembros en caso de agresión a uno de ellos y la situación actual que se plantea con una Ucrania inestable y una Rusia que aspira a imponer sus propios intereses de seguridad en una zona que es absolutamente prioritaria para su seguridad nacional. El ensayo comienza como sigue:

“El establecimiento de sanciones financieras, de defensa y petroleras a Rusia por los Estados Unidos y, singularmente, por la Unión Europea (UE) estaba claro que no iba a quedar sin respuesta por parte de Rusia. Es más, pensar lo contrario raya en la ingenuidad más absoluta propia de algunos dirigentes de pequeños Estados europeos y de los burócratas de Bruselas. De hecho, algunos de estos enfatizaron amargamente que la aprobación de represalias comerciales por parte de Rusia el día 7 de agosto de 2014 estaba “políticamente motivada”. Lo cual es evidente, porque precisamente las gravosas sanciones aprobadas por el Consejo de la UE que se publicaron en el Diario Oficial de la UE el 31 de julio de 2014 eran exactamente eso: medidas políticas como respuesta a “las acciones de Rusia que desestabilizan la situación en Ucrania”. De hecho, frente a las veleidades de los dirigentes europeos, tanto el portavoz del Kremlin Dmitri Peskov como el Primer Ministro Dmitri Medvédev han anunciado que el gobierno ruso prepara nuevas medidas de represalia contra los Estados Unidos y la UE si estos recrudecen las suyas. Y es que seguimos en la misma situación de impotencia política que asume voluntariamente la UE, es decir, el Directorio europeo, y cuya manifestación perfecta es el clamoroso silencio del gobierno alemán ante la implicación de occidentales y rusos en la guerra civil ucraniana. Sin embargo, las consecuencias que puede tener la implicación europea en dicho conflicto y, más aún, un eventual enfrentamiento político con Rusia no querido por nadie, son gravísimas. La posición de la UE ahora no puede ser la misma que la que hace unos pocos años, porque el sistema europeo de seguridad cambió a finales de 2009 con la entrada en vigor del Tratado de la Unión Europea (TUE) y, más concretamente, con la introducción de la cláusula de defensa colectiva del artículo 42.7. En ese momento nos planteamos la siguiente cuestión: la UE tiene veintisiete Estados miembros, algunos bastante díscolos que comparten frontera con Rusia: ¿no se encontrarían la UE y los Estados miembros ante una situación comprometidísima si Rusia actuara en el Báltico o Europa oriental como había hecho en Georgia en el verano de 2008? También, en esos momentos, afirmamos que se había producido la comunitarización de la seguridad colectiva europea. Pues bien, la situación de guerra civil en la que se encuentra sumida Ucrania y en la que están interviniendo indirectamente potencias extranjeras ha puesto de nuevo sobre la mesa el debate sobre la seguridad europea: por un lado, los que sostienen la existencia de un sistema de defensa europeo autónomo y, por otro, los que quieren mantener las estructuras de seguridad de la Guerra Fría a toda costa, esto es, el mantenimiento de la Organización del Pacto Atlántico (OTAN) frente a una Rusia que ya no está acorralada por nadie porque puede esperar años a que Kiev o sus aliados se sometan o imponer un nuevo presidente. (…)”.

A ti, que guardas mis noches y anhelas mis días.

"EL EMPLEO DE LOS ROBOTS EN LOS CONFLICTOS ARMADOS DEL SIGLO XXI: CONSIDERACIONES GENERALES"

Este es el título del artículo recién publicado en la revista Política y Estrategia, publicación especializada de referencia de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos del Ministerio de Defensa Nacional de Chile. En él presento una categorización de estos novísimos sistemas de armas, tales como robot, droide, androide, UAS, UCAS, así como una visión de la aviación de combate del futuro con inteligencia artificial, la robótica terrestre y la interacción entre la máquina y el hombre en el campo de batalla del futuro, para terminar con una reflexión teórica sobre el uso de la robótica en combate y las leyes de la guerra en conexión con el Derecho Internacional Humanitario. En la parte final se incluyen sesenta referencias bibliográficas y documentales para aquellos especialistas interesados en la temática de las guerras del futuro:

Referencia bibliográfica completa: “El empleo de los robots en los conflictos armados del siglo XXI: consideraciones generales”, Política y Estrategia núm. 123, enero-junio 2014, pp. 55-83 (ISSN: 0716-7415).
Texto completo disponible en: http://www.anepe.cl/publicaciones/resumen-de-articulos-revista-n%c2%ba115/

LA UNIÓN EUROPEA ADOPTA MEDIDAS RESTRICTIVAS POR LA IMPLICACIÓN DE RUSIA EN LA GUERRA CIVIL EN UCRANIA


El Consejo de la Unión Europea, reunido en Bruselas, ha decidido imponer a Rusia sanciones financieras, prohibición de venta o suministro de todo tipo de armas y equipos de defensa, incluidos productos y tecnologías de doble uso, así como productos y tecnologías destinados a la industria petrolera en aguas profundas, en el Ártico o al shale-oil, que se aplicarán a partir del 1 de agosto de 2014, es decir, se aplicarán a los nuevos contratos, no a los que se encuentran actualmente en vigor, como es el caso del contrato por valor de 1.200 millones de euros por el que los astilleros estatales franceses de la DCN en Saint Nazaire, norte de Francia, están terminando de construir dos grandes buques portahelicópteros para la Armada rusa, con entregas previstas para finales de 2014 y 2015 respectivamente. Estas medidas se han materializado en dos actos jurídicos del Consejo:   

La Decisión 2014/512/PESC del Consejo, de 31 de julio de 2014, relativa a medidas restrictivas motivadas por acciones de Rusia que desestabilizan la situación en Ucrania: http://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=OJ:JOL_2014_229_R_0003&from=ES

El Reglamento (UE) n° 833/2014 del Consejo, de 31 de julio de 2014, relativo a medidas restrictivas motivadas por acciones de Rusia que desestabilizan la situación en Ucrania: http://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=OJ:JOL_2014_229_R_0001&from=ES

El Consejo afirma que toma estas decisiones “habida cuenta de la gravedad de la situación” porque “las acciones de Rusia desestabilizan la situación en Ucrania”, esto es, no se atreve a calificarlo como una guerra civil en la que están interviniendo, además, indirectamente potencias extranjeras. Pero como los miembros del Consejo consideran que la adopción de estas medidas por sí mismas no son suficientes, “la Unión animará a terceros países a que adopten medidas restrictivas similares a las que figuran en la misma” (artículo 5 de la Decisión 2014/512/PESC).

Los dirigentes europeos están cometiendo el error, gravísimo, de intentar acorralar a Rusia, lo que solo servirá para acrecentar su sentimiento de inseguridad. De hecho, la Guerra Fría surgió por ese motivo, solo que en Occidente los responsables de la política exterior americana promovieron la idea de la supuesta agresividad soviética y la inminencia de la revolución mundial de la mano de un Ejército Rojo de doce millones de soldados. Pero ¿cómo podía plantearse siquiera esta idea si la Unión Soviética acababa de perder veintiséis millones de ciudadanos en la guerra contra Alemania? Eso le costó a Europa la división política y estratégica durante cuarenta años. Ahora, los dirigentes europeos y los burócratas de Bruselas practican el peligroso juego de amenazar a un gran poder militar, pero, es evidente que Washington está detrás de estas medidas, como también lo ha estado al alentar al (des)gobierno de Ucrania a romper con Rusia, por las buenas o por las malas, aplicando el principio fundamental del equilibrio de poder: cercar al potencial oponente antes de que se convierta en una amenaza real. ¿Quién dijo que había llegado “el fin de la historia”?

LAS FUERZAS NUCLEARES ESTRATÉGICAS DE RUSIA DE NUEVO EN ALERTA


El Mando de las Fuerzas Coheteriles Estratégicas de Rusia (RVSN) puso en alerta de combate diez regimientos dotados de cohetes estratégicos Topol, Topol-M y Yars. Además de la activación en ejercicio de combate de los silos de misiles, las unidades de cohetes estratégicos móviles abandonaron sus instalaciones permanentes para ocupar posiciones de despliegue operativo en territorios que abarcan los Distritos Militares Occidental y Central (desde la Rusia europea a la Siberia oriental). Este despliegue se mantendrá durante treinta y dos días, según informó el portavoz de las RSVN, coronel Igor Yegorov. Pocos días después, el 16 de julio las fuerzas navales de la Flota del Pacífico iniciaron unas maniobras destinadas a comprobar la disposición para el combate de las armas nucleares.   
Medios de comunicación rusos establecen una relación directa entre la activación de las Fuerzas Nucleares Estratégicas y la tramitación por el Congreso americano de la Ley 2.277, denominada sobre la prevención de la agresión de Rusia en 2014, que impone al Presidente la obligación de presentar un plan para “prevenir la agresión de Rusia” en el plazo de un mes (así se detalla en http://sp.ria.ru/revista_de_prensa/20140710/160741402.html).
Sin embargo, en lo que resta de año las Fuerzas Nucleares Estratégicas de Rusia tienen programados ciento veinte ejercicios de mando, entrenamiento y tácticos. Además, se realizarán doce lanzamientos de cohetes estratégicos para validar los sistemas de combate en servicio y nuevas cargas de combate (http://sp.ria.ru/Defensa/20140602/160298595.html).
Hace dos meses, en concreto el 8 de mayo, el Presidente Putin dirigió un ejercicio de mando y control de guerra nuclear que implicó a todos los componentes de las Fuerzas Nucleares Estratégicas. Durante las maniobras, se dispararon cohetes estratégicos basados en tierra, dos cohetes estratégicos desde sendos submarinos en inmersión de las Flotas de Norte y del Pacífico y misiles desde bombarderos de la Aviación de Largo Alcance. Al mismo tiempo, las Fuerzas de Defensa Aeroespacial respondieron a un ataque nuclear contra el territorio de Rusia. En un informe al Presidente, el Ministro de Defensa, Sergei Shoigú confirmó “la alta disponibilidad operacional de las Fuerzas Nucleares Estratégicas” (http://sp.ria.ru/Defensa/20140508/160002317.html). El Presidente Putin enfatizó que “todos hemos tenido la oportunidad de corroborar la alta preparación y coordinación de las potencias ofensivas y defensivas de nuestro país. (…) Las Fuerzas Armadas son el mejor garante de la soberanía y la integridad de Rusia y juegan un importante papel a la hora de garantizar la seguridad regional y global”.

“PERMÍTANME QUE ME APOYE EN MI INTUICIÓN”

El Alto Mando militar soviético lanzó a finales de junio una ofensiva militar definitiva en el Frente del Este en coordinación con los Aliados occidentales, que desembarcaron en las costas del Norte de Francia el 6 de junio; el objetivo era la derrota militar total de Alemania. Sin embargo, Stalin esperó hasta el 22 de junio para el inicio de la ofensiva oriental, y la fecha no fue casual: justamente tres años antes los Ejércitos alemanes habían descargado un golpe demoledor a la Unión Soviética con “Operación Barbarroja”, y que solo el durísimo invierno de 1941 impidió que alcanzara el objetivo de la toma de Moscú, de hecho las tropas alemanas se quedaron a las mismas puertas de la ciudad. El 22 de junio de 1944 tres Ejércitos soviéticos formados por ochenta y nueve divisiones con más de cuatro mil carro de combate atacaron de lleno la parte más débil del despliegue alemán en el frente oriental. Cuando la noticia llegó a Hitler en el refugio de Berchtesgaden, exclamó: “Permítanme que me apoye en mi intuición”. Durante varios días el OKW esperó la ofensiva principal soviética en el sur de Ucrania. Sin embargo, en pocas semanas el Grupo de Ejércitos Centro del mariscal Busch compuesto por treinta y ocho divisiones dejó de existir como fuerza organizada de combate y lo único que pudieron hacer las tropas alemanas fue retroceder de forma ordenada continuamente. La ofensiva soviética, denominada “Operación Bagration”, no concluyó hasta la toma de Berlín el 8 de mayo de 1945. Y setenta años después, las mismas tierras se hallan sometidas al azote de la guerra por el poder y la influencia de las grandes potencias. Por eso resultan cuando menos llamativas las declaraciones políticas del Secretario general de la Alianza Atlántica Anders Rasmussen cuando esta semana advierte a Rusia de las consecuencias negativas del despliegue militar y los ejercicios que desarrollan las Fuerzas Armadas rusas en su frontera occidental. Rasmussen, pero también el resto de dirigentes occidentales, se quejan desde la impotencia , porque nadie quiere una guerra mundial y Moscú lo sabe. Por Ucrania nadie va a hacer nada pero el temor de los países bálticos es creíble y justificable.